¿Será que Google nos está volviendo estúpidos?

No puedo más que pensar en la respuesta a esta pregunta. El periodista Nicolas Carr de Nueva York se ha lanzado el reto de pensar cómo las nuevas tecnologías han conseguido hacernos la vida más fácil pero con un alto precio, pues al parecer se nos reblandece el cerebro en el proceso. Antes cuando no existía la red de redes, ni google nos facilitaba con un clic la información que deseamos, no nos quedaba más remedio que patear las calles de lugar en lugar, de biblioteca en biblioteca, o de mostrador en mostrador hasta dar con la información. En ocasiones esta búsqueda tenía tintes mitológicos, y como Hércules no veíamos comenzando un viaje tan embarrado de curvas y peligros como los que el héroe se vio obligado a realizar, no debíamos luchar contra seres mitológicos, pero si con funcionarios vaguetas que se pasaban las funciones los unos a los otros y nos metían en un laberinto, Medea se representaba en las caras de mala leche de algunos dependientes que ni tomando un carro de paja llena de fibra le alegraría el día pese a lo que diga en anuncio televisivo; los cantos de sirena se oían a medida que el voz alta gritaban “siguiente”…”el siguiente”… hasta llenar a nosotros, momento en el cual se tranformaban en arpías y aseguraban que nos falta un papel imprescinble y que no era necesario días anteriores.
Las vueltas que podíamos dar para entregar un simple formulario en la administración y que nos convertían en una ficha de parchís saltando de mostrador en mostrador, de delegación el delegación, hasta dar con la adecuada suponía todo un sacrificio de tiempo, y de paciencia. Gastábamos un montón de energía ir de un lado a otro y otro tanto en intentar controlar la mala leche de saber que la mañana estaría perdida.
Y a la hora de documentarse sobre algo los trazos de nuestra desventura aumentaban, pues si buscamos un libro, una revista, algo de información la tarea era ir hacia ella, moviéndose de calle en calle, de ciudad en ciudad, de provincia en provincia…
Ahora ya no hace falta, tenemos información al alcance de un click, la mayoría es inservible, vacía de contenido, así que podemos pasarnos horas y horas navegando de página en página, de blog en blog, sin haber escrito nada, sin haber dado nuestras opiniones, y sin haber aprendido nada de nada. Nos quedamos como empezamos, salvo por la irritación de los ojos, y los calambres que se nos han aposentado donde termina la espalda.
Si queréis leer el interesante artículo de Nicolar Carr pinchar en este enlace Estoopidos , es un texto grande pero vale la pena.
Cerramos con un frase que nos debe dar que pensar
“He perdido casi completamente la capacidad de leer y asimilar un texto largo, en la red o incluso impreso”














¡Qué triste! Todo tiene su lado malo y su lado bueno.