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Como la vida misma

Como la vida misma se nos presenta como la comedia romántica de comienzos de este año 2011.

Su argumento es

Holly Berenson (Katherine Heigl) es la máxima responsable de un exitoso servicio de catering, y Eric Messer (Josh Duhamel) es un prometedor director televisivo en la información deportiva. Después de una desastrosa primera cita, lo único que tienen en común estas dos personas es su antipatía el uno por el otro y el amor que sienten por su ahijada Sophie.

Pero cuando por circunstancias de la vida los padres de Sophie mueren, ellos dos son lo único que le quedará a la pequeña. Holly y Messer se verán obligados a dejar de lado sus diferencias. Para cuidar de la niña deberán hacer malabarismos con sus compromisos sociales y sus turnos de trabajo. Tendrán que acostumbrarse a vivir bajo el mismo techo y encontrar qué cosas tienen en común.

A Katherine Heigl ya la conocemos, el año pasado la vimos en la floja Killers, y desde esta cinta hasta la actual no hay muchas variaciones. Esta actriz se ha especializado en un tipo de personaje que sinceramente creo que está lastando su carrera, porque los personajes que interpretan tienen una fecha de caducidad muy breve en en caso de las actrices.

Por su parte  Josh Duhamel, actor sacado también de la cantera de la televisión, ha conseguido diversificar un poco más sus papeles aunque sigue pesando mucho su interpretación como Danny MacCoy en la serie Las Vegas.

Lo que tenemos aquí son dos actores puramente televisivos que se enfrentan a una historia “cotidiana”. No es una película romántica cien por cien, no es una comedia porque no hay risas, no es un drama porque tampoco hay muchos lloros. Es una mezcla de todo pero sin ser nada, lo cual la convierte en eso, en una cinta que cuenta la vida  de dos personas que no se aguantan pero que se ven obligadas a estar juntas cuando un nefasto golpe del destino les obliga a cuidar de la hija pequeña de sus mejores amigos.

La historia arranca con una cita a ciegas entre los dos protagonistas auspiciada por sus mejores amigos. Cita que no lleva a ningún sitio porque están cinco minutos juntos  y ya saben que no se soportan. En este comienzo ya comprobamos cómo son ambos: ella serena, trabajadora, de relaciones serias, sarcástica sin pasarse… él aventurero, de vestir descuidado, motorista, y que no pasa dos noches con la misma mujer. Por este lado nada novedoso.

Durante los siguiente minutos asistimos a la boda de los mejores amigos y al nacimiento de  Sophie y el cada ocasión Holly y Messer se llevan a muerte, él intenta fastidiarla y ella intenta ignorarlo. Cuando mueren los padres de Sophie se enfrentan a un dilema ¿serán capaces de hacerse cargo de la niña?

En este punto la película podía desviarse hacia una comedia de enredos, con dos formas singulares de ver y de entender la vida que daría pie a una serie de enredos graciosos, o se desviaría hacia un trama que ahondara en la pérdida y en las segundas oportunidades, centrándose más en el aspecto dramático. Pero realmente el guión no se atreve con ninguna opción, quizá porque siendo Katherine Heigl también productora,  no deseaba arriesgarse por ninguna, y se queda en un quiero pero no puedo, algo que ya se está convirtiendo en una característica de sus películas.

No es que sea una mala película, porque tiene sus momentos interesantes pero a medida que la vas viendo te das cuenta que es demasiado floja en los aspectos importantes porque no llega a implicarse con ningún problema o conflicto, pues a partir de que están todos viviendo en la casa comienza una época marcada por la buena educación que resulta algo extraña ¿Se han llevado a muerte durante años y ahora son los mejores amigos?

Otro problema que estriba de este guión es que si bien  Holly y Messer no hacen mala pareja es un tanto extraño su forma de enamorarse, pasan de estar con otras personas a amarse con pasión sin que medie nada en medio. Por suerte, ellos como digo hacen buena pareja y son capaces de sostener la relación amorosa con cierta soltura.

Los  secundarios, tanto el pediatra como los cotillas de los vecinos, no consiguen dinamizar la trama y en ocasiones aparecen como añadidos forzados.

Como la vida misma es una película para ver sabiendo que no nos hará pensar, o sentir nada, tan solo nos dejará con la sensación de que al final el tiempo lo pone todo en su lugar y que todo tiene un final feliz.

Clasificación: 5,5/10

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2 thoughts on “Como la vida misma”

  1. Puedes verla perfectamente, pero no te esperes una gran historia.
    Yo fui a verla principalmente porque me parecía una comedia “blanca”, es decir, alegre y sin tacos que añadía algo de romance. Pero no ha sido así.

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