Policíaca

El síndrome E, Franck Thilliez

Un hecho muy extraño altera el verano de la teniente de la policía de Lille Lucie Hennebelle: un ex amante suyo se ha quedado ciego cuando visionaba un cortometraje que acababa de comprar al hijo de un coleccionista recientemente fallecido. Una película, muda, anónima, con un toque malsano, diabólico y enigmático. A trescientos kilómetros de distancia, el comisario Franck Sharko, acepta volver al servicio tras haber abandonado el departamento. Se han hallado cinco cadáveres a dos metros bajo tierra que resultan imposibles de identificar. Al tiempo que Lucie descubre los horrores que oculta la película, una misteriosa llamada le informa de la relación entre el filme y la historia de los cinco cadáveres, y hace que Lucie y Sharko, dos seres absolutamente distintos, y quizás por ello tan cercanos, se encuentren para investigar lo que parece el mismo caso.

 Al igual que con otros muchos autores Franck Thilliez era un completo desconocido para mí. Pero desde hace unos meses he intentado leer autores de novelas policíacas que no se circunscriban a la típica historia del norte europeo tan de moda en la actualidad. Ya descubierto crímenes en España, Italia, Dinamarca, Suecia, Islandia, Gran Bretaña, Alemania, Estados Unidos, Japón, China… pero me faltaba Francia, y para ello nada mejor que Franck Thilliez un autor que tienen unas buenas referencias. Además sus novelas son muy recientes y por eso fáciles de  conseguir.

 El síndrome E es un libro singular, no llega a ser una gran obra pero si tiene ese toque que la hace adictiva en ciertos momentos, sobre todo al final cuando las cosas comienzan a precipitarse hacia un final que no intuyes. 

Nuestra historia comienza con dos frentes. Por una parte contamos con Lucie Hennnebelle una policía ambiciosa que se encuentra en el hospital cuidando de una de sus hijas gemelas que sufre una grave indisposición. A pesar de tener unos días libres en cuanto recibe una llamada de uno de su antiguos novios pidiéndole ayuda porque se ha quedado ciego decide embarcarse en averiguar qué hay detrás de la película casera que ha ocasionado la pérdida de visión. Tirando del hilo descubrimos imágenes ocultas y más imágenes ocultas  que muestran que hace cincuenta años unas niñas vivieron un gran horror.

Por otra parte está el comisario Franck Sharko que ha salido de su retiro  medio voluntario para investigar la muerte de tres jóvenes cuyos cuerpos han sido descubiertos de forma casual. Las pistas son muy pocas: cuerpos masacrados, cráneos perforados, cerebros robados… Unos casos semejantes en Egipto llevan al investigador a esas áridas tierras.

El primer problema con el que nos encontramos es que El síndrome E pertenece a una serie en la que el peculiar comisario Franck Sharko es el protagonista. Por eso en este libro hay referencias a hechos pasados que seguramente están narrados en las anteriores novelas. Por desgracia solo se ha publicado El ángel rojo, quedando en el olvido el resto. Añadimos que Lucie Hennebelle también ha participado en otras novelas del autor, lo que hace que este libro se convierta en el punto de unión entre dos personajes literarios que hasta este momento andaban cada uno por su cuenta. ¿Ha sido un acierto o una mala idea? Pues no lo sé, ya que no tengo referencia de ellos como personajes protagonistas de sus propias historias. Lo único que tengo claro es que Lucie no me ha terminado de gustar, hay en ella un elemento de “avaricia profesional” que llega a ser desagradable. Algunos diría que es una trepa, motivo por el cual  se acerca al comisario Sharko, y seguramente tendrán razón.

Por otro lado Sharko es uno personaje la mar de singular. Si tuviera que definirlo diría que está como una cabra, como un cencerro, o para meterlo en una habitación con paredes acolchadas. El caso es que es esquizofrénico y además paranoico, algo que le surge después de la muerte de su mujer y su hija (aquí volvemos al problema de no haber leído las novelas anteriores). Por su enfermedad ve a una niña bastante molesta que le impide a veces llevar una vida normal pese a la medicación que toma. Esa niña tiene unos gustos culinarios muy raros y es irritante. Añadimos el placer que siente por los trenes en miniatura y tenemos un personaje de lo más singular. Con todo esto no estamos diciendo que sea un mal personaje. Al contrario sus rarezas que se unen a una franqueza brutal  y a un físico poderoso hace de él un personaje atractivo. Tiene muchísimas luces, y muchísimas sombras, tantas que no sabes por donde van a escapar. Me ha gustado mucho aunque me da la sensación de que no está muy bien aprovechado.

Si hablamos de los secundarios, nos encontramos un gran problema pues pese a que aparecen algunos interesantes no tienen el peso suficiente para ser más que meros personajes poco caracterizados que desfilan por el argumento en alguna que otra ocasión. La novela está tan centrada en Lucie y Sharko (en su investigación y en su romance) que deja de lado todo lo demás. Y es una pena porque le resta valor al resultado final. Un ejemplo es Martin Lecler amigo de Sharko desde hace años y que podría ser un buen contrapunto a la peculiar manera de ser del comisario. La madre de Lucie o sus hijas también darían un toque más humano a la protagonista.

Si nos centramos en la trama, es muy compleja y se desarrolla a saltos. Lo primero es la cinta de la extraña película que nos permite introducirnos en las peculiares maneras de rodar y hacer un poco de historia del cine. Y lo segundo  los asesinatos de los jóvenes. La verdad es que vistos por separado no tienen nada que ver, no se intuye la relación entre una cinta rodada en Canadá hace más de cincuenta años con la muerte de unos chicos jóvenes. Pero hay un nexo y se manifiesta cuanto comienza a morir gente por doquier.

 Me ha gustado la trama, aunque a veces está traída por los pelos y le falte profundidad, pero el tono conspiratorio, de secretos y de agencias de investigación le dan la intensidad suficiente para que el lector siga leyendo hasta descubrir de qué va todo. Quizá lo único en lo que patina es el final al meter el medio a una de las instituciones más prestigiosas de Francia. Es como si el autor pensara, “vale he hablado de lo que la Cía hizo en Canadá pues ahora yo ataco con la Legión”. Desde mi punto de vista no tiene mucho sentido meter más instituciones en el cotarro porque la historia está bastante plagada de ellas. En cierto momento se aprecia un leve toque de saturación de instituciones que se caracterizan por ser expertas en conspiraciones, uno casi espera que salga el KGB por algún lado sin venir a cuento. Quizá lo más trágico es que el ochenta por ciento (según valoraciones del autor) de todo lo que está escrito se base en hechos reales.

Por último comentar que me ha gustado especialmente lo referente a las imágenes subliminales y lo que representa el síndrome E, aunque como pasa con toda la novela en general no está todo lo bien planteado que podría haber estado.  Salvo este pequeño detalle el desarrollo de la intriga pese a sus defectos está bien llevado, con el toque justo de misterio y acción que te mantienen pegado a las aventuras de los personajes.

 Teniendo entonces todo lo anterior en cuenta El síndrome E es una novela que me ha gustado sobre todo por su personaje masculino (adorable en su locura) pero que patina un poco a la hora de encauzar una trama.  Aquí nos viene bien un refrán patrio “el que mucho abarca poco aprieta“. Franck Thilliez ha intentado abarcar imágenes subliminales, violencia, actriz erótica, huérfanas, Egipto, conejos, monjas, Cia, paranoia, Canadá,  la Legión, doctores, Bélgica, estudios del cerebro, conspiraciones…

Ahora solo nos queda leer el siguiente libro, Gataca porque el final de El síndrome E no puede ser peor, nos deja con una gran intriga.

Clasificación: 6,75/10


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3 thoughts on “El síndrome E, Franck Thilliez”

  1. Lo tengo en casa esperando turno de lectura y una lista de pendientes que haría temblar a cualquiera, no se cuando le tocará el turno, pero me has dejado un poco tibia con tu reseña

  2. Yo también lo tengo en casa esperando el turno, porque El angel rojo me gustó bastante, aunque es muy duro. Lo que pasa es que me gustaría leer el siguiente de la serie y no salteados. Un beso

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