Ciencia Ficción

Clorofilia, Andrei Rubanov

Moscú, Siglo XXII: Savely Gertz trabaja como periodista en Lo más, un importante semanal moscovita. El dinero ha dejado de ser un problema: Rusia ha alquilado Siberia a los chinos y la población vive de las rentas.  Pero lo más extraño es que Moscú ha sido invadida por hierba gigante. Cada tallo tiene unos 300 metros de longitud. Es imposible cortarlos o arrancarlos: vuelven a crecer al momento. Lo que es más, la pulpa de la hierba es un poderoso psicoestimulante que provoca la alegría más pura, y no parece tener efectos secundarios. Así que existe una perfecta convivencia entre los seres humanos y la hierba invasora… hasta que algunas personas comienzan a desaparecer…

Estamos los primeros años del siglo XXII y nada es lo que parece. La Tierra ha sufrido un cambio radical por culpa del deshielo de los casquete polares por lo que los países han sufrido cambios profundos . Entre las zonas más afectadas está China que debido a sus problemas de superpoblación decide alquilar Siberia a los rusos. A cambio les daría una sustanciosa renta a repartir entre todos sus habitantes. Para ellos supone un gran cambio porque su población se ha reducido muchísimo, de modo que con el tiempo todos viven en la capital Moscú y lo hacen sin rendir cuentas a nadie, y sin necesidad de trabajar pues el  gobierno le ingresa en su cuenta lo que le pertenece por el alquiler de parte de su territorio a los chinos.

Para complicar más las cosas los rusos vivían relativamente felices hasta que un día se levantaron y vieron como la ciudad estaba siendo invadida por grandes plantas que salía del suelo pero sin estropear nada. Las casas, las comunicaciones, las carreteras… todo lo que había hecho el hombre permanecía en los lugares aún vírgenes se levantaban grandes tallos que podían alcanzar centenares de metros. Se intentaron destruir de diversas maneras pero nada más cortalos volvían a crecer. De modo que la solución fue hacer grandes edificios para poder ver la luz del sol. Ponto se descubrió que la planta proporcionaba una sorprendente felicidad si se tomaba de cierta manera. Una euforia que te pedía cada vez más. Y más.

Dado que no pueden cultivar nada y casi nadie trabaja porque no tienen necesidad de hacerlo, de modo que todo procede de China. La comida, la ropa, los coches… Lo rusos dejaron de producir cuando todos  obtuvieron un sueldo por el simple hecho de existir. Han perdido su esencia.

 En esta sorprendente sociedad que parte de que todos son iguales hay una clara estratificación social que se representa por el nivel en el que está tu casa. La aspiración es vivir en los pisos noventa o más. Y lo más bajo son las plantas inferiores. Arriba hay luz, abajo una eterna oscuridad. Arriba están antropófagos, los ricos y poderosos, aquellos que trabajan porque quieren y desprecian a todos aquellos que viven por debajo de ellos. Abajo los comedores de hierba, los herbívoros, porque no pueden aspirar a comer nada más ya que la única planta que crece esa enorme que ha surgido de la nada. Y en medio los pálidos llamados así porque el sol nunca llega a sus casas. 

Para pasar el tiempo, recordamos que trabaja quien quiere no quien lo necesita, hay un programa llamado Vecinos  que como si de Gran Hermano se tratase te permite colarte en la vida de cualquier familia que lo use, no permitiendo nada de intimidada. Vecinos cuanta con una lista de los programas más vistos que son generalmente de familias con problemas o escenas de extrema crueldad. Estamos ante una sociedad chovinista porque no tiene nada mejor que hacer que ver y ser vistos.

Clorofilia es una novela que nos cuenta un futuro marcado por desastres pero quizá estos no son lo más importante. A medida que la iba leyendo me alejaba más de la parte de ciencia ficción y me introducía en la parte más social. Empecé a ver vislumbrar como su autor, Andrei Rubanov, iba más allá del simple relato de ciencia ficción y se metía de lleno en una crítica brutal sobre la sociedad que había creado para ese siglo XXII y que puede ser perfectamente una crítica a nuestro modo de vivir.

En nuestro mundo global lo raro es encontrarse con algo hecho que no esté hecho en China. En ese país ha surgido un grupo de grandes ricos que sobrepasan las fronteras. En Clorofilia sus miras están en los pisos superiores de Moscú, lo que lleva a cualquier chica moscovita a intentar casase con un millonario chino. Ya no buscan a un rico tejano con campos de petróleo sino a un chino con dinero gracias a cultivar y fabricar para todo el mundo en Siberia. ¿Si los chinos les dan todo que precisan en su día a día que valor tienen los rusos que sólo viven para no hacer nada? ¿Puede una persona estar completa sin hacer nada de nada?

Tampoco somos ajenos a Vecinos pues muchas veces estamos más pendientes en la pantalla del televisor o en la del ordenador y no nos damos cuenta de lo que ocurre más allá de nuestra ventana. Padecemos también los males tener una sociedad en clases, en donde los ricos viven en sus rascacielos de cristal rodeados de luz y los pobres en el suelo, en medio de sombras. La planta, aquella que crece sin parar, puede ser una alegoría a muchas cosas. Dependerá del lector elegir qué representa. ¿La indolencia? ¿la desesperación?

Me ha gustado esta parte de no idealizar el futuro, de contar que el hombre sigue cometiendo los mismo errores a pesar de que hay un pasado que nos puede enseñar como mejorar. Es juego de crítica social está muy bien planteada. Porque además Rubanov se critica todo, hasta las religiones más “verdes”. Atención con la mentalidad más curiosa que tienen que se basa en no dejar traslucir los sentimientos y ser excesivamente correcto en todo.

Si ya hablamos de los personajes, nuestro protagonista será Savely Gertz un herbívoro camuflado pues él no come la planta directamente sino las destilaciones más novedosas. Tiene más de cincuenta años, convive con su novia Bárbara, también comedora de destilaciones, y ambos trabajan para una revista política importante.  Es un personaje interesante con más debilidades que grandezas pero se le coge cariño, sobre todo cuanto se le empieza  a enverdecer la sangre. Está rodeado de secundarios que hacen un buen papel pero él es el eje de toda la novela.

Con respecto a la trama de ciencia ficcion está en un segundo plano y no comienza a tener gran importancia hasta en tercer cuarto del libro. En este punto hay una ligera descompensación, pero puede que sea así porque el final da pie a pensar que puede haber más novelas, de modo que no hay necesidad de contarlo todo – a pesar del destino de la planta- porque lo interesante se contará más tarde. De todas maneras aunque es cierto que el final es muy abierto también cierra una etapa así que se puede considerar una novela autoconclusiva.  Comentar que no estamos ante una ciencia ficción desbordada, hay aparatos que nos hacen la vida más fácil ero poco más.

Clorofilia me ha gustado aunque es cierto que a veces el estilo del autor es excesivamente “ruso”, o sea, apasionado, melancólico, explosivo y regado frecuentemente con una buena botella de vodka.  Es un estilo que a veces me ha sobrepasado por redundante pero en general la novela se lee muy bien. Ha sido agradable encontrarse con una novela de ciencia ficción que no provengan del mundo anglosajón, porque siempre nos aportan cosas muy interesantes.

Clasificación: 7,25/10

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2 thoughts on “Clorofilia, Andrei Rubanov”

  1. Me pasa lo mismo, que no soy muy de ciencia ficción… Pero me lo llevo apuntadito, que tengo amigos que son fanáticos de este género. Y como regalo me va a venir genial, que tiene muy buena pinta.
    Besotes!!!

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