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Los Miserables

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Nada más estrenarse Los Miserables leí una crítica en la que alababa la labor de los actores, la grandiosa escenografía y la puesta en escena,  pero destacaba la falta de pasión que mostraba la película, más atenta a dejar en la gran pantalla un musical bien hecho que una tragedia de más de tres actos. Ese cronista afirmaba que resultaba más barato comprarse la banda sonora que la entrada de cine pues además ésta ofrecía la oportunidad de escuchar las canciones en cualquier momento, tomando pausas si uno se aburría entre tanta nota.

Generalmente una no está de acuerdo con los críticos, sobre todo con aquellos que han hecho de este arte su profesión, pues parece que tienden ser excesivamente puntillosos con su labor. Pero siempre hay excepciones.

Me encantan los musicales. Pero los musicales clásicos como Bailando bajo la lluvia, Siete novias para siete hermanos¸ My Fair Lady,  o los más antiguos con el grandioso Fred Aster y su semi acompañante Ginger Rogers. Son musicales donde unos actores representan una historia tradicional con diálogos de diverso tipo, pero que recurren a la música, al baile o las canciones cuando quieren expresar sus emociones más fuertes.  Lo que tenemos en Los Miserables no es nada de esto, durante las dos horas y media, salvo algún tropiezo, todo es cantado. Sí, es un musical, pero demasiado musical -esta frase no tiene sentido más que para mí-. No sería problema si la música fuera diferente a lo largo de toda la historia pero hay un tono constante, una melodía sinuosa que se repite desde el principio hasta el final dando la sensación de eternidad musical. Me preguntas ahora dónde va cada canción y salvo la de I dreamed a dream (imposible olvidarla) el resto se diluye entre do, re, mi, fa, sol. La de Samatha Barks bajo la lluvia también es un muy buena canción.

Que conste que mi primera compra musical fue la banda sonora de West Side Story, y que años después compré esta misma, la de Los Miserables. Mientras andaba por la calle oía por los cascos las distintas canciones. A veces de un modo repetitivo. Así que ¿por qué esta película se me ha hecho eterna? Tenía todas las papeletas para que me dejara encantada de la vida. Adoro los musicales –eso de que la gente se ponga a cantar me parece sorprendente y algo mágico, sobre todo porque mi capacidad para cantar es casi nula por no decir inexistente- y me encanta las películas históricas. Hugh Jackman me parece un actor bueno y además muy agradable de ver.

Con todo esto no quiero despreciar la película. No puedo porque es una gran propuesta.  Su director Tom Hooper (El discurso del rey) ha logrado traspasar la historia representada en el teatro a la gran pantalla con bastante soltura. Y lo hace con grandilocuencia, rasgando los límites que impone el escenario de un teatro de modo consciente, pues nos acercamos a los personajes desde diferentes perspectivas con largos planos en picado, o con movimientos rápidos de la cámara. Parece que Hooper quiere dejar claro desde el principio que estamos ante una película grandiosa y no ceja en su empeño hasta el final. La  primera escena, con el arrastre del barco es una buena prueba de ello. La pena es que no se haya dado cuanta de que más que grandiosos escenarios y juegos de cámara lo importante es emocionar al espectador, y aquí no lo consigue del todo.

Los actores están muy bien. Hugh Jackman está en su papel, él ya había hecho musicales y sabe cómo trabajar en ellos. Anne Hathaway, tiene experiencia musical gracias a un papel en una divertida comedia fantástica donde terminaba cantando una canción. Aquí explota todo su potencial. Samantha Barks procede de los escenarios del propio musical. Russell Crowe, cumple con soltura  y a pesar de que no es lo suyo sabe manejar a Javert con una rigidez que le va al personaje perfectamente. Helena Bonham Carter, es toda una sorpresa, esta mujer hace de todo y lo hace bien aunque se está especializando en papeles de bruja despeinada con malas pulgas, lejos quedan los años en los que interpretaba papeles sacados de la literatura decimonónica inglesa. Sacha Baron Cohen, irreconocible y quizá por eso estupendo. Amanda Seyfried, sencilla en su papel de dama, y Eddie Redmayne, cumplidor como héroe. Estos dos son quizá los más flojos de la película, no porque lo hagan mal, sino porque su historia de amor no termina de convencer.

Es una película casi perfecta pero aún así me superó estar esas dos horas y media largas sentada en una silla mirando como cantaba la gente siempre con la misma melodía. Quizá lo único verdaderamente criticable es su duración. Si hubiera sido más corta me hubiera gustado más. Es una posibilidad que no descarto.

Clasificación: 8,25/10

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4 thoughts on “Los Miserables”

  1. A mí me pareció una maravilla esta película y creo que, para casi todo el que le guste el género musical, sería un acierto prácticamente seguro.

    Sí coincido contigo en que quizás le sobre un poco de metraje. En mi caso se lo perdono, porque la verdad es que no se me hizo cuesta arriba en absolito.

    ¡Un besín!

  2. Robert a mi se me hizo cuesta arriba casi al final. Eso de ir a verla entre semana y después de un día de mucho trabajo no fue buena idea. Creo que disfrutaré mucho más de ella cuando la vea en casa con tranquilidad.

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