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Lincoln

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Donde realmente brilla Steven Spielberg es en el cine histórico, sobre todo si tiene un trasfondo de realidad. Munich, Salvar al soldado Ryan, Amistad, La lista de Schindler, El imperio del sol son películas que lo han convertido en un gran director más allá de la soltura que muestra en las propuestas de consumo masivo.

Lincoln es un personaje muy jugoso, una leyenda en si misma a la que ahora Spielberg pone rostro. Pero para llegar a este punto hacía falta una gran historia que llegó de la mano de la escritora Doris Kearns Goodwin con su libro Team of Rivals: The politial genius of Abraham Lincoln. La adaptación de la obra vino de la mano de Tony Kushner quien ya participara con Spielberg en Munich.

Tenemos un gran director de dramas históricos, un guionista que se maneja con soltura en ese terreno y una gran historia que abarca los últimos meses de uno presidentes más famosos de los Estados Unidos. Era casi imposible fallar. Y no lo hicieron.

Lincoln dura unos ciento cincuenta minutos –sí, es un montón de tiempo, y en ocasiones ese tiempo se alarga de un modo casi agónico cuando su protagonista se dispone a contar alguna batallita con moralina- y en ella está recogido lo mejor de su director. La soltura a la hora de manejar a los actores, el gusto por las escenas bien planteadas, el recogimiento como muestra del dolor, y una moralina que por ser suave se traga sin necesidad de recurrir a un sorbo de agua o de lo que tengamos más cerca.

Otro acierto fue plantear desde el principio esta cinta no como la clásica película que relata la vida de un personaje histórico, visto desde sus orígenes hasta su trágica o pacífica muerte. Aquí tan destacado es el personaje que le da título a la película como todo el entramado político que gira en torno a él y a la manera en la que los Estados Unidos determinaban sus elecciones políticas –decisiones que aún determina su futuro más actual-. Por eso por un lado tenemos los tiras y aflojas entre los seguidores de Lincoln y por otro la vida privada de este, que se centra en la relación con su mujer y sus hijos. Parte privada que se ve con excesiva frialdad frente a la, a veces, simpática manera de conseguir votos de sus seguidores. Hay mucha contención en esta cinta. Los sentimientos están recogidos y solo se exponen en diversas escenas.  Esto se refleja en la manera de visualizar la historia, con planos casi pictóricos y un uso muy pensado de las sombras y las luces.

Es extraña la frialdad proviniendo de Spielberg que siempre optó por dotarle de un gran transfondo sentimental a sus anteriores trabajos. Aquí la esclavitud –tratada en Amistad- es en ocasiones algo secundario frente a las luchas políticas,  y quienes la sufren solo aparecen en contadas ocasiones. Lo hacen en la primera escena y luego en un segundo plano como criados o acompañantes de Lincoln y de su familia.

La parte de la guerra también queda en un rincón aunque es mostrada con brutalidad en varias ocasiones. Pese a ello, no llega a conmover del todo.

Lo que nos cuenta Lincoln es en el entramado político que llevó a la abolición de la esclavitud. Los juegos de poder, los intercambios de votos, los sobornos, los empleos políticos determinaron cómo se gestó una gran decisión histórica. Sobresale en este aspecto el congresista Thaddeus Stevens ( Tommy Lee Jones) quien defiende la libertad del ser humano. A los estadounidenses les encantará todo esto, a los demás no tanto. Aquí se nota el gusto por hacer una película para la propia patria con un sentido limitado en cuanto al concepto de internacionalizar la trama. Es decir, en mi caso la he visto una vez y listo, pero los estadounidenses la verán todos los años convirtiendo esta película en una tradición como la de disfrutar de Qué bello es vivir en Navidad.

Sobre los actores no podemos decir más que maravillas. Daniel Day-Lewis ha bordado otro papel y por ello le están cayendo galardones en todos los premios en los que aparece como candidato como mejor actor. David Strahaim demuestra que es un gran actor más allá de la gran pantalla. Sally Field está perfecta en su papel como esposa del presidente, muy contenida a la hora de interpretarla. Tommy Lee Jones siempre es un placer verlo porque haga lo que haga, lo hace bien.

Lo único quizá reprochable es su duración. ¿Hace falta casi dos y media para contar esta historia? Pues no. Diversas escenas –por ejemplo las que muestran a Lincoln más retórico, o en plan maestro –solo sirve para alargar un metraje puesto que no aportan nada, salvo mostrar que el presidente estadounidense a veces podía ser un pesado.

 Lincoln es una gran película pero también presenta sus limitaciones. Lo único que hay que tener en cuenta a la hora de verla es estar preparado para estar mucho tiempo sentado y conocer que aquí los efectos especiales brillan por su ausencia. Sin olvidar claro que estamos ante la historia de uno de los mitos intocables de los Estados Unidos. He dicho.

Clasificación: 8,50/10

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3 thoughts on “Lincoln”

  1. Pues mira, a mí fue precisamente su duración lo que me echó para atrás a la hora de verla en el cine. Eso, y que había otras tentaciones en la cartelera que también me llamaron.

    Terminaré viéndomela cuando salga en DVD, porque pese a que casi todos coincidís en que le sobra metraje, sí que parece merecer bastante la pena.

    Un besote, Welzen!

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