Policíaca

Ola de calor, Richard Castle

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Calor helado, cuarta entrega de la serie sobre Nikki Heat escrita por el escritor fantasma Richard Castle.

Este libro, o más bien, esta serie es un buen ejemplo de cómo la televisión y la literatura se entremezcla de un modo constante, aunque en este caso de un modo curioso porque primero fue la serie de televisión y luego las novelas, cuando generalmente es al revés.

Cuando se publicó Ola de calor nos la leímos con curiosidad, no nos pareció una gran novela pero si entretenida, lo suficiente para que no perdiéramos de vista las aventuras de Nikki Heat. En su última novela, Calor helado, por fin se resuelve en misterio que rodea la muerte de la madre de la protagonista así que teníamos curiosidad sobre cómo acabaría todo.

La trama empieza con el descubrimiento del cadáver de una mujer congelada dentro de una maleta. Maleta que perteneció a Nikki y que fue robada en mismo día en que su madre fue asesinada. A partir de ese momento Nikki se empeñará en descubrir quién es el asesino que lleva buscando tanto tiempo.

Lo primero que tengo que decir es que llegué a detestar a Nikki Heat porque me parece un personaje insufrible. Ella, de apenas veintinueve años rechazó  ser la capitana de la comisaría porque quería seguir en las calles, pero no hace nada más que quejarse de su superior al que considera un incompetente burócrata. En su grupo de investigación también está una detective que no sabe donde tiene la mano derecha. Y luego está el detective que investigó el caso de su madre que es otro idiota que no sabe investigar. Nikki es la única que tiene capacidad para investigar, porque es la única que tiene instinto, sagacidad, valor y cualquier adjetivo que se te ocurra. El resto del mundo –y con esto me refiero a quienes no le siguen la corriente-son unos inútiles.  Se salvan sus compañeros y otros detectives porque están bajo sus órdenes y por eso  son buenos policías.  

Uno de los personajes de la novela considera que Heat es una chula, y la verdad es que ese adjetivo le va muy bien. Pero además de prepotente –ella es la única que lo hace todo bien– es egoísta –lo importante son sus problemas, como la asesinada es su madre todo el mundo tiene que trabajar sin descanso para atrapar al asesino, porque claro es su madre y ella es Nikki Heat–; tiene un aire de supermodelo gracias al reportaje de su novio, lo que hace que la gente le pida autógrafos y tenga fans; y un toque de Harry el Sucio que le permite ir corriendo por Nueva York pistola en mano persiguiendo sospechosos y pegando tiros así como así.

En cuanto a su relación con Jameson Rook, el escritor, evidentemente quien manda es ella, es quien lleva el peso de la relación porque está en su mano abrir sus sentimientos a los demás, o en este caso a su actual amante. Rook la sigue y poco más. Con respecto a él confesar que me cansé de su personaje, porque no dice una frase en serio en toda la novela, lo suyo es ser el payaso de la historia para permitir dar un poco de alegría a Nikki, que es muy seria. Vamos un comediante puro y duro del que podríamos prescindir sin que la trama se resistiera.

En la serie de televisión Castle las gracietas del protagonista tienen sentido porque aligeran una trama que no puede ser tomada en serio por lo simplista que es, pero en Calor helado tanto los momentos de peligro, como los de investigación, Rook se los toma a broma por lo cual no puedes llegar a tomarte en serio al personaje. Es una parodia de sí mismo.

Si nos centramos en la trama estamos ante una historia muy peliculera, estirada hasta el máximo, con golpes de efecto que se repiten de vez en cuando y que no tiene un final cerrado porque hay que continuar vendiendo libros.

Personalmente no me ha convenció para nada, y además me pareció una copia de Cross Jordan, una serie sobre una forense a la que también la habían asesinado a la madre cuando ella era una adolescente. ¿Mismos guionistas?

Podía seguir contando esos pequeños detalles que me crisparon, como la escenita del hospital parisino en la que Heat enseña su placa de policía de Nueva York como si eso le diera derecho a interrogar a quien le diera la gana en cualquier lugar del mundo, que para eso es de la policía de Nueva York y ya se sabe que Nueva York es el centro del mundo. ¿He dicho que ella es la única policía de Nueva York que sabe lo que hace?

La única cosa buena es que con este libro cierro la serie, al menos por mi parte. No pienso leer nada más de esta chulesca detective.

Clasificación: 4/10

Podía darle un cinco pero Heat no se lo merece. Que Richard Castle hubiera hecho el personaje más comprensible y amable.

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