Novela negra, Policíaca

Dios salve al primo, Donald E. Westlake

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Dios salve al primo fue una compra compulsiva. Tenía ganas de leer una novela negra o policial y después de rebuscar un poco entre las diversas opciones me encontré con este lilbro. Me atrajo su título, que tenía una portada interesante y que era la obra de un autor al que no había leído nunca -en este punto comentar que buscaba algo que no fuera novela policial nórdica-. Con estos tres elementos a su favor me la traje a casa.

A veces este tipo de compras son un fracaso y otras un auténtico éxito. La verdad es que nunca pensé que este libro me terminara gustando tanto. Sus menos de trescientas páginas me supieron  a poco porque no solo la historia es interesante, también están los personajes y el trasfondo en el que estos se mueven. Y que es divertidísima.

Dios salve al primo es la historia que nos cuenta su protagonista, Fred Fitch, en primera persona. Es un treinteañero normal, algo paliducho y sin gran fortaleza física porque su trabajo, que es de documentalista para diversas personas (escritores, abogados…) le empujan a estar siempre sentado, así que no estamos ante el típico héroe de gran musculatura. Tampoco es que Fred sea un genio sin par porque cae en todas las trampas de los timadores. Cualquiera que se le presente en la puerta de su casa, o le pare en la calle y le cuente una historia para sacarle dinero, lo consigue de modo que termina siendo estafado casi diariamente. Este credulidad ante todo lo que le dicen hizo que con el tiempo se hiciera amigo de un detective de la sección Tocomocho, que es el departamento que se encarga de los fraudes. Fred es consciente de su debilidad pero es incapaz de no creer en las personas con las que habla, hasta que un buen día un abogado le llama asegurándole que un tío suyo llamado Matt, al que no ha visto en la vida, le ha dejado más de trescientos mil dólares. Al principio piensa que es una broma pero cuando se demuestra que es verdad comienzan los verdaderos problemas porque al parecer al tío Matt, que era un gran estafador, lo han asesinado y él ahora está en peligro.

Este libro está escrito a finales de la década de los sesenta del siglo pasado así que lo primero que me llamó la atención es que Fred para buscar información, tanto de su tío como de otros personajes, tiene que ir a la biblioteca no ir a Google. Se nota que los tiempos han cambiado. Como tampoco tiene teléfono móvil debe usar las cabinas de la calle -atención a la escena en la que llama a la policía a denunciar un secuestro, divertidísima- o en teléfono de su casa. A parte de estos pequeños detalles, como que le dé dos dólares a una amiga para pagarle el taxi, es una novela muy actual porque su argumento lo es. Solo hay que mirar el buzón del correo electrónico para ver la cantidad de parientes millonarios que se nos mueren todos los días que nos han dejado dinero. De vez en cuanto también leemos en los periódicos como ciertas personas han sido bastante incautas con su dinero. No hablamos de los grandes timadores que están en grandes despachos con espectaculares ventanales de cristal, sino de estos timadores de la calle que usan su argucia para sacar un poco de dinero a los más crédulos.

Y el más crédulo de todos es Fred, y él mismo reconoce su problema, pues nos cuenta al comienzo sin pudor los diferentes timos en los que ha caído a lo largo de los años. Es sólo cuando recibe la herencia del tío Matt cuando comienza a desconfiar de la gente. Primero porque de repente se encuentra con un montón de parientes, conocidos y desconocidos que le piden dinero; y por otro lado hay una banda de matones que le quieren matar, así que la desconfianza se va asentando en su dura mollera.

La trama por ello no sólo tiene un elemento de intriga y aventura -hay disparos aunque Fred no se entere- sino que también nos sirve para ver cómo el personaje principal va cambiando poco a poco su personalidad, haciéndose más consciente de lo que le rodea. Algo que no es difícil porque pasa de a estar en su pequeño y sosegado mundo -su casa, la biblioteca- a verse rodeado de personajes dispares como una stripper, un par de policías que parecen un dúo cómico, un médico rarito, un muerto, unos mafiosos brasileños… que terminan le tambaleando su tranquila existencia.

Con respecto a la parte de intriga está muy bien planteada, no hay cabos sueltos, sino que todo lo que ocurre tiene un sentido que solo podemos dilucidar al final. Un final por cierto muy bueno, tanto en que se refiere al problema brasileño como al del asesinato.

Por último comentar el estilo del autor.  The New York Times considera que esta novela es “Espléndida… Una comedia deliciosa” y tiene razón porque la novela te puede provocar auténticas carcajadas.  Hay momentos muy buenos como cuando intenta salir por el jardín vecino con resultados desastrosos, o cuando habla con algún departamento de policía. Es un estilo que me recuerda a El policía que ríe  de Maj Sjöwall y Per Wahlöö, escritores contemporáneos de Donald E. Westlake, que al igual que éste logran aunar de un modo maravilloso y completamente adictivo una muy buena trama policial con sentido del humor. A veces no hay nada mejor que leer una novela en la que no se toma en serio ni a sí misma.

Dios salve al primo de Donald E. Westlake es una muy buena novela de poco menos de trescientas páginas muy bien trabajadas. Es el ejemplo perfecto de que lo mejor en ocasiones viene en frascos pequeños, porque la calidad no se mide por la cantidad de palabras que tiene una novela sino por la historia que nos cuenta. Totalmente recomendable.

Clasificación: 9/10

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3 thoughts on “Dios salve al primo, Donald E. Westlake”

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