Ciencia Ficción

Sangre dorada, Stephen Woodworth

sangredorada

He terminado este libro hace unos días y desde entonces se han ido asentado las ideas que se iban formando a media que lo iba leyendo de un modo mucho más claro. La idea más clara y definitoria es que esta novela es un capítulo de televisión. Y no, no estoy hablando de que se ha adaptado esta serie a la pequeña pantalla. Es algo un tanto diferente.

Me encanta el cine y la literatura y en ocasiones ambos amores se juntan. Cuando leo un libro siempre termino preguntándome si sería apto para una película en la gran pantalla o si es solo una historia más modesta propia de una película de domingo por la tarde, o bien, de un capítulo de alguna de las múltiples series que pueblan la pequeña pantalla. Los libros de Brandon Sanderson, los de Phillip Kerr, Jo Nesbo… merecen ser visto en las grandes salas, en cambio los de Nora Robert, Camilla Läckberg… son más bien de sentarse en el sillón con el plato de la cena delante.

Sangre dorada se inscribiría sin dudas dentro de la pequeña pantalla. Su historia ni siquiera da para una serie de televisión de alto presupuesto -nada de Juego de Tronos, ni de La Cúpula- más bien hablaríamos de un capítulo de alguna serie de ciencia ficción que no pretende más que entretener. Y eso es lo que logra el libro.

La historia nos cuenta como Natalie Linstrom, una de las muchas personas que pueden hablar con los muertos, decide aceptar irse a Perús para ayudar en una investigación arqueológica y encontrar el oro de un conquistador español. Pero no estamos ante una medium normal, el mundo de Natalie es un poco más complicado pues las personas como ellas existen por doquier, y el gobierno tiene hasta agencias que los usan para hablar con los fallecidos por asesinato u otras circunstancias. Nuestra protagonista, por ejemplo, hablaba con el padre de su hija, muerto dos semanas después de conocerlo, de un modo más que cotidiano. Y la hija de ambas tiene el mismo poder.

El caso es que la línea que separa a los vivos de los muertos es muy tenue, de modo que un medium con solo tocar un objeto puede llegar ha contactar con personas que han vivido cientos de años. Hay hasta una especilidad para este tipo de trabajo. Personalmente me gusta el mundo creado por Woodworth, aunque no tanto el modo de tratarlo, porque en lo que falla -al menos en esta novela, ya que no he leído las dos anteriores de esta serie- es en el desarrollo que hace aguas por múltiples esquinas. Y vamos a explicar por qué.

Si hablamos de los personajes Natalie es bastante interesante. Mujer con amplios poderes, madre soltera de una hija, se marchó de su trabajo en la agencia federal después de unos desagradables incidente y ahora sobrevive como puede. Es una persona que no está nada mal pero al que le falta garra, algo de la mala leche que tenía Alison Dubuais, la protagonista de Medium, que tenía un carácter muy fuerte en determinadas circunstancias. Natalie no es así, me descorcierta su victimismo, y su tenacidad a no salir de hoyo en el que está simplemente por no dejar su orgullo detrás. Quizá el problema para no entender su actitud es que como he dicho antes no he leído los anteriores libros así que no sé muy bien cómo acabó todo en su anterior trabajo, aunque se intuye que no muy bien porque nos asesinos en serie despiadados no son de los que dejan buenos recuerdos.  Otro personaje es Nathan Azure, un británico un tanto estirado obsesionado con los terosos arqueológicos y con un gran complejo de inferioridad a sus espaldas que lo hacen ser cruel, maniático y despiadado. Es el que ha organizado la búsqueda del oro de Pizarro junto con un embaucador que se hace pasar por arqueólogo.

La historia comienza bastante bien pero empieza a decaer en cuanto Natalie llega a Peru y Pizarro sale a escena. En este punto comentar que el libro tiene unas cuantas frases -opiniones- que dejan  a los conquitadores españoles a la altura del betún. Debe ser que los únicos conquistadores buenos, según la opinión del escritor, son los estadounidenses porque éste no se acuerda de lo que hicieron los suyos durante la conquista del oeste. Supongo que Stephen Woodworth sufre de memoria selectiva. Con esto no quiero decir que Pizarro y los suyos fueran santos, porque no es así, pero tampoco hay que demonizarlos porque los conquistadores, como la historia sabe muy bien, por desgracia no llegan cargados de buenos sentimientos.

En este punto el libro alcanza cierto grado de despropósito que va más allá de la presencia de Pizarro, no porque tenga un argumento muy complicado y lleno de giros imposibles de entender, sino porque darse cuenta de que Nathan Azure no es una buena persona y que tiene malas intenciones lo entendería un mono con precibicia a los cinco minutos de conocer al personaje. Pues a Natalie -clarividente, que habla con muertos y todas estas cosas -no se da por enterada y cuando lo hace -fantasma incluido- decide, como buena estadounidense que es, arreglarlo como solo ellos lo saben hacer: matar al enemigo que así deja de molestar. ¿Las autoridades de Perú? Qué va, si es un país del tercer mundo con caminos llenos de barro, con mujeres que visten sombreros graciosos y paisanos que se hacen infusiones con hoja de coca.

En fin que volvemos a tener un libro cuyo argumento era más prometedor de lo que al final ha sido. Lo bueno que tiene es que presenta un mundo donde los muertos tienen una presencia importante, lo malo es que está desarrollado todo como si fuera un capítulo de una serie de ciencia ficción rodada en Canadá para abaratar costes. Lo bueno, que la novela te la lees enseguida porque  el estilo de autor no da para florituras, lo malo es que completamente olvidable. Lo bueno, que sé que ahora no me compraré los anteriores y los siguientes de la serie -los pediré en la biblioteca si algún día me apetece leerlos-, lo malo es que para darme cuenta he tenido que comprar este.

Clasificación: 5/10

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2 thoughts on “Sangre dorada, Stephen Woodworth”

  1. Cuando se nota en demasía que quien escribe es yanqui (y no lo digo en el buen sentido) es evidente que el libro tiene muchas posibilidades de ser ése que usas para arreglar la pata coja de la mesa. Espero te recuperes pronto con una buena lectura: quizás “El que habla con los muertos” de Brian Lumley pueda ser una alternativa al tema de hablar con los muertos. Como fue escrito antes de la caída del muro de Berlín, se notan algunos detalles interesantes en el libro.

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