literatura, Novela británica, Policíaca

Una muerte sencilla, Peter James

una muerte sencilla

Una de las novedades más interesantes de este mes de enero es Esquivar la muerte de Peter James (Roca Editorial) que constituye la octava novela de la serie del Detective Superintendente Roy Grace.

Había tenido la oportunidad de leer algún libro de esta serie cuando cayó en mis manos Las garras de la muerte, novela que me gustó mucho pero que no me permitió entrar de lleno en la vida de su protagonista. Así que coincidiendo con el comienzo de año, y con la tradicional –y a veces infructuosa- tendencia a crear retos personales he decidido retomar esta serie pero desde el comienzo y así hacerme una idea mejor de Roy Grace y de su modo de resolver los crímenes.

La primera entrega de la serie es Una muerte sencilla, un título que luego veremos que está acorde con la historia de un modo un tanto peculiar.

Todo comienza con un grupo de amigos que se van de despedida de soltero. El novio es Michael Harrison, propietario junto con un amigo de la infancia, de una constructora de éxito. Sus compañeros y amigos deciden gastarme una broma un tanto cruel pues ellos mismos han sido más de una vez protagonista inocentes de las locuras de Michael. Lo van a enterrar vivo durante un par de horas. Una vez hecho el trabajo de dejar a Michael enterrado, los jóvenes tienen un accidente de tráfico, logrando sobrevivir uno de ellos, aunque en estado crítico. Ante la ausencia de noticias Ashely Harper, su prometida, acude a la policía sin saber que desencadenará una serie de acontecimientos sorprendentes.

Una muerte sencilla es un libro muy interesante, está claro que está construido sobre la base con la que se construyen casi todas las novelas policiacas actuales pero aún así tanto la historia como los personajes están lo suficientemente bien construidos para que el resultado final, después de leer la última página, será de notable.

Comentemos primero los personajes. El protagonista es Roy Grace, un comisario de policía con una vida tanto profesional como laboral peculiar. En el plano privado su vida es solitaria, pues comparte su vida con Marlon, un pez de nueve años que ganó en una barraca de tiro al blanco durante una feria. Su mujer Sandy, de la que estaba profundamente enamorado, desapareció un día sin más, sin dejar ninguna nota o explicación. Han pasado nueve años y Roy todavía no lo ha superado, aunque está intentado labrarse una nueva vida, más allá de las partidas de cartas con sus amigos y de alguna otra copa ocasional. Es un hombre sencillo, sin grandes pretensiones pero posee una gran inteligencia, además de una memoria fotográfica. Es tenaz y a veces hasta rebelde. Conoce muy bien cuáles son los límites que le imponen en su trabajo pero eso no impide que en alguna otra ocasión los quiebre si eso consigue salvar la vida de una persona. Nos referimos a la parte sobrenatural de este libro. No, no hay que asustarse, no estamos ante una novela del estilo de John Connolly. Aquí simplemente nos encontramos con médiums o personas con capacidad para localizar a personas desaparecidas. Nada muy extraño. ¿Por qué están en esta novela? Porque Roy Grace en su desesperación por encontrar a Sandy acudió a todo aquel que le podía dar una pista de ella. Por suerte en esta novela parece que Roy está empezando a ver el mundo más allá de Sandy, pues intenta establecer crear nuevas relaciones amorosas, algunas con más éxito que otras.

Como secundarios está el Michael Harrison con el que vivimos el infierno de estar enterrado vivo, su prometida Ashely –que dará más de una sorpresa-, su socio y amigo Mark Warren. Todos cumplen con su papel aportando pequeños giros en la trama que la hacen más interesante. No podemos olvidarnos de Glenn Branson, el mejor amigo de Gray, casado y con hijos, en él nuestro protagonista ve todo lo que pudo haber tenido si su mujer no hubiera desaparecido.

En cuanto a la trama policial puede que sea la parte más floja debido a dos circunstancias. Los personajes si bien están esbozados en sus principales elementos no tienen nada que los haga destacables más allá de estar participando en una investigación criminal. Son personajes bien construidos y nada más. En segundo lugar por la propia naturaleza de la trama policial. Me ha gustado el comienzo que no tiene nada que ver como una muerte sino con una desaparición. Es algo diferente porque supone poner a Roy y a su equipo en un tiempo límite – Mark no puede estar mucho tiempo enterrado vivo-, por desgracia no se aprecia esta tensión, esa imperiosa necesidad de averiguarlo todo con rapidez porque la vida de una persona está en peligro. Al final vamos leyendo como los días van pasando sin que se averigüe gran cosa, y eso que algunas pistas estaban muy claras incluso para el lector. Creo que este sentido el libro falla un poco, tropieza con la melancolía que acompaña al protagonista en ocasión muy centrado en sus propias desgracias –la presencia constante de su mujer- que le impiden centrarse en la investigación de un modo correcto.

En cuanto al final. Me ha gustado, ha sido un final bien planteado aunque un poco extraño porque si somos un poco realistas todo se hubiera solucionado antes si hubieran acudido a tío raro vestido de blanco mucho antes.

Una muerte sencilla es un libro muy entretenido, correctamente escrito, con personajes decentes y una trama que atrapa si no le pones muchas pegas. Sí, es cierto que toda la novela rezuma los mismos elementos que podemos encontrar en otras historias de corte similar, pero aún así es una lectura que vale la pena.

Clasificación: 7,25/10

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