Animación, Cine

Crítica “El viento se levanta”

viento

Muchos tienden a confundir la animación estadounidense con la japonesa, a Disney con los estudios Ghibli, pero ves alguna de sus películas te darás cuenta de que ambas tienen conceptos distintos de entender los dibujos animados. Podemos no conocer quién es el director de la última película de Disney, Frozen, el reino del hielo pero si amas este tipo de cine sabrás quién es Hayao Miyazaki (Arrietty y el mundo de los diminutos, Ponyo en el acantilado) porque él es el más grande en el mundo de la animación. Ganador de un Óscar en 2001 por El viaje de Chihiro -película que en Japón batió todos las marcas, superando a Titanic o Avatar- a sus setenta y tres años ha decidido retirarse  por los que El viento se levanta se convierte en su despedida, y ese adiós se aprecia en el aire nostálgico que impera en todo el metraje. 

Nuestro héroe es  Jirō Horikoshi un ingeniero aeronáutico de Mitsubisi que tuvo una gran importancia en el diseño de los aviones que Japón usaría en la II Guerra Mundial. A prior parece una propuesta un tanto extraña, más si tenemos en cuenta el espíritu que siempre ha imperado en las películas de Miyazaki, que huye de la violencia gratuita, usándola solo cuando la historia así lo requiere. Pero la historia de Jirō no tiene que ver con su papel en la guerra, tiene que ver con su sueño de construir aviones, en su obsesión por crear un avión que vuelve de tal manera que haga soñar.

Dado que la película está basada en un personaje real carece de todos esos elementos mágicos tan clásicos del Ghibli, como pequeños seres que representan espíritus o animales parlantes, pero cuenta con un elemento fantástico que son los sueños que Jirō comparte con el diseñador italiano Caproni que le enseña a nuestro protagonista una increíble lección que marcará su manera de vivir y de diseñar aviones.

“Los aviones no son para la guerra, no están para hacer dinero, son para soñar hermosos sueños”

La película va por la senda de la tranquilidad, a paso pausado que solo se interrumpe en breves momentos, tal como la vida misma. Hay tiempo para comprender la obsesión de Jirō y lo  complicado que le resulta compaginarlo con la mujer de su vida. Dos amores que se complementan perfectamente.

Realizada con el sistema tradicional, el clásico dibujo de 2D -con un poco de tecnología moderna- es una gozada de cinta, siempre y cuando te gusten las buenas historias que van más allá de lo superficial y que no usan la perfección de la animación por ordenador como único recurso. En cuanto a las voces del doblaje poco puedo decir porque la he visto en versión original con subtítulos. Sí, para mi gran suerte el cine de mi pueblo ofrecía la posibilidad de verla también en japonés, y es la opción que he elegido. Un pequeño homenaje al  Miyazaki.

El viento se levanta supone una alegría y una tristeza. Alegría porque estamos ante una gran película y tristeza porque es la despedida de Miyazaki. Será muy difícil ver otra película de Ghibli con los mismos ojos con los que vemos sus propuestas pero como declara el poeta Paul Valéry¡El viento se levanta!¡Hay que intentar vivir!” versos que aparecen al comienzo de la película, en los créditos iniciales, debemos intentar vivir y no dejarnos llevar por la desesperanza o lo imposible.

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