Cine, Drama

Crítica “Bajo la misma estrella”

bajo la misma

La literatura juvenil se ha convertido en un filón de oro para la industria cinematográfica de los Estados Unidas, muy escasa de ideas originales desde hace unos años. Por desgracia los libros que son trasladados a la gran pantalla gracias a su éxito editorial no siempre gozan de una gran calidad literaria, y eso se traduce en películas que no dejan de ser medianamente mediocres. Solo tengo que recordar a toda la serie de Crepúsculo -cuya calidad es ínfima- para comprender este hecho.

Pero como en toda regla que consideramos universal siempre hay excepciones -cada espectador considerará la suya- y Bajo la misma estrella se  puede incluir en este lote. Primero porque está basado en una novela escrita por John Green que no tiene elementos paranormales -gracias a Dios-, ni se desarrolla en una ucroníaautoritaria por lo que la historia que nos cuenta se embarca dentro de lo más cotidiano de nuestras vidas, pese a que nos habla de la tragedia y la muerte cuando uno recién empieza a comprender la vida. Y en segundo lugar porque la selección de actores ha sido perfecta para los papeles que interpretan. 

Bajo la misma estrella  nos cuenta la historia de amor de Hazel ( Shailene Woodley) y Gus (Ansel Elgort), dos jóvenes de diecisiete años que se enfrentan a la lucha diaria contra el cáncer que poco a poco va segando sus vidas. Ambos se conocen en un grupo de ayuda, conectan inmediatamente y a partir de ahí su relación va madurando de una manera natural, sin que ninguno pierda de vista la enfermedad que padecen. Ello les llevará por un camino distinto al que tendría un adolescente sano, pues siempre tienen la vista puesta no en el futuro, sino en presente. Y por eso, porque no saben lo que les espera más adelante deciden cumplir uno de los deseos de Hazel, conocer a Peter Van Houten (Willem Dafoe, El gran hotel Budapest, John Carter) su escritor favorito que vive en Europa.

En todo caso Bajo la misma estrella, dirigida por Josh Boone, ha resultado ser un buen melodrama adolescente bien planteado desde el principio que cuenta con dos partes bien diferenciadas. La primera es la del encuentro entre nuestros protagonistas, en cómo se van conociendo y enamorando poco a poco. Su punto central es el viaja a Amsterdam, para conocer al escritor favorito de ella. Es una parte tierna, que combina muy bien escenas ligeramente dramáticas con otras las ligeras y divertidas. La segunda parte -ya de regreso a los Estados Unidos-es el choque con la realidad, la desesperación pero también la comprensión de que se debe aceptar un destino inevitable. En este punto la película desciende en picado por la ladera del dramatismo más descarnado y efectivo que se alarga quizá en exceso, quizá en la búsqueda de la lágrima fácil. El melodrama se convierte en tragedia, previsible aunque no por ello deseado.

Como espectador o espectadora tienes que considerar que esta película tiene como protagonista a una joven, Hazel que tiene una enfermedad incurable que acabará con su vida en un tiempo no muy lejano. Por eso no podemos esperar ver una comedia juvenil de amores imposibles, porque lo central es el dramatismo de una adolescencia que no se vive plenamente porque así lo ha querido en destino, o una genética caprichosa. Y como buena adaptación de una novela juvenil todo estará rodeado de buen humor -salvo alguna que otra pelea sin importancia-, de familias maravillosas que soportan como buena cara la enfermedad de uno de los suyos, y de una ambientación bucólica que choca a veces amargamente con la realidad que nos cuentan. La podríamos considerar como este tipo de películas llena de buenas intenciones que solo busca arrancar unas lágrimas, y que por su tono ligero no profundiza en la verdadera tragedia que nos cuenta. Hay cierta verdad en ello, pues la historia original no es excesivamente complicada, pero también es cierto que las magníficas interpretaciones de los actores principales la convierten en algo más, la sacan de la mediocridad de una propuesta nada novedosa y la transforman en un película que bien vale la pena ver, aunque tengas que llevar unos cuantos pañuelos preparados.

Bajo la misma estrella no es una película que muestre la realidad de la vida de los adolescentes que se enfrentan a la muerte, pues el cáncer se presenta desde un punto de vista muy limpio y aséptico, pero a pesar de todo, no puedes dejar de sufrir por Hazel y Gus, simplemente no puedes dejar de rezar para que el final sea feliz aún sabiendo que no será así. Y por eso, esta película es tan especial porque consigue que conectes con los protagonistas, y que en cierta manera sufras con ellos. Sin duda vale la pena ir a verla al cine.

Como advertencia, si eres de lágrima fácil os recomiendo llevar un paquete de pañuelos a mano, seguramente lo necesitarás.

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2 comentarios en “Crítica “Bajo la misma estrella””

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