Cine, Drama

Crítica “Boyhood. Momentos de una vida”

boyhood

La primera escena de Boyhood. Momentos de una vida es la de un cielo azul salpicado por algunas nubes, es lo que esta observando nuestro protagonista Mason (Ellar Coltrane) mientras está tumbado en la hierba esperando la llegada de su madre, Oliva (Patricia Arquette). Es un momento rápido, en un instante Mason está pensando en sus cosas y al siguiente lo vemos manteniendo una familiar discusión con su madre en el coche. Asistimos en ambos casos a breves momentos en la vida del protagonista, y lo hacemos desde el punto de vista de la realidad más mundana, porque en esta cinta no hay nada más y nada menos doce años de la vida de Mason, desde que era un niño de seis años hasta los dieciocho. Son años en los que pasan a la vez muchas cosas pero en las que se mantiene todo igual. 

Lo más destacado de la película es que su director, Richard Linklater, a la hora de plantear esta historia – el paso de la niñez a la etapa adulta- lo hizo desde una perspectiva muy interesante pero a la vez muy lógica. La solución más evidente era realizar una serie de audiciones para encontrar a diversos actores que actuaran en las diferentes etapas de la vida del protagonista y que guardaran cierto  parecido físico. La ayuda de los retoques digitales podría solventa algún que otro desbarajuste. Pero Linklater se planteó realizarlo desde el punto de vista más evidente: un sólo protagonista que fuera creciendo poco a poco. La desventaja que se nos plantea es cómo decir a  unos actores que su trabajo no se terminará en unos meses sino que deberán estar dispuestos a rodar diversas escenas a lo largo de varios años, en concreto doce. Muchas cosas pueden cambiar en esos doce años (muertes, enfermedades, problemas económicos…), así que la confianza mutua entre actor y director debe ser grande, además de que ambos deben apoyar completamente el proyecto.

Richard Linklater ya nos había demostrado que manejaba muy bien las historias cotidianas que se desarrollan a lo largo del tiempo. Lo demostró en la trilogía romántica protagonizada por Julie Delpy y Ethan Hawke, que nos cuenta una historia de amor que se desarrolla a lo largo de dieciocho años. Pero en Boyhood va un paso más allá condensando toda la trama en una cinta de casi tres horas.

Todo empieza en 2002 cuando el director realiza una audición y selecciona al joven Ellar Coltrane para interpretar al protagonista, Mason. Le acompañará Patricia Arquette (Olivia, la madre ), Ethan Hawke ( Mason Sr., el padre) y Lorelei Linklate (Samantha, la hermana mayor de Mason, e hija del director. Decir que es muy complicado considera a Ellar y Lorelei como hermanos porque no se parecen en nada). Es una familia no en el sentido estricto, los padres viven separados y es la madre quien debe mantener a sus dos hijos,  pues Mason Sr. no es siempre un punto de referencia fiable pues su estilo de vida -al menos al comienzo deja un tanto que desear-. A lo largo de los años, y siempre desde la perspectiva de Mason muy atento siempre a los hombres que rodean a su madre, la familia va cambiando gradualmente, no solo porque los niños dejan de ser niños, y se convierten en adolescentes -la relación madre-hijos cambia, al igual que los intereses de cada uno- sino porque en la búsqueda de la felicidad y de un futuro mejor para sus hijos, Oliva tomará algunas decisiones no muy acertadas. Decisiones que puede tomar cualquiera en un momento dado.

A lo largo de la película observaremos todas los momentos de la vida de Mason que en cierto sentido le marcan. Lo conocemos con seis años, jugando con su amigo. Lo acompañamos cuando se muda de casa y tiene que empezar en un colegio nuevo. Es testigo de primera mano del matrimonio de su madre, así como de su fracaso. Se ve sorprendido por los matones del instituto. Por los deseos de conocer a chicas. Bebe cerveza. Fuma de vez en cuando. Se divierte. Debe tomar decisiones sobre su futuro.

Sinceramente resulta fascinante como la vida de Mason va cambiando poco a  poco con una fluidez sorprendente. Aquí debemos decir que las transiciones entre las diferentes etapas de la vida del protagonistas están muy bien planteadas y no suponen en ningún momento una interrupción en la evolución de la trama. Pero no solo cambia Mason sino que los personajes a su alrededor también lo hacen. Samantha, su hermana mayor, a la que conocemos de niña también se hace adulta, y los padres pasan de tener unos treinta años a tener más de cuarenta, con lo que esto supone. Las marcas de la vejez se acentúan, así como la adquisición de nuevas responsabilidades.

Pero no todo es maravilloso en esta cinta. La única pega que le puedo poner es la duración de la misma, casi tres horas. Es un poco excesiva si consideramos que en muchas ocasiones diversas tramas se alargan en exceso sin que aporten nada. Es el caso de la escena del club entre padre e hijo, o la de la excursión con sus nuevos amigos a las montañas. O aquellas que se dedican a explotar el estilo de vida estadounidense.

Es evidente que intentar contar doce años en unas horas es complicado pero en ocasiones la brevedad es un factor beneficioso. Después de dos horas viendo hablar y hablar a los personajes sin que pase nada grave -no se asesina a nadie, no han fantasmas, ni súper héroes, ni nada que aporte un grado de intriga o terror- uno llega a desear que llegue el ansiado fin, no porque la película aburra sino porque las posaderas -por muy acolchadas que estén- no dan para más.

Personalmente me ha gustado mucho -más de los esperado- pero he de confesar que ya hacia el final se me hizo un poco pesada. El último cuarto de hora se hizo eterno. Y pese a todo la recomiendo porque es muy buena. Se podría decir que si te gusta el buen cine es imprescindible que la veas.

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3 thoughts on “Crítica “Boyhood. Momentos de una vida””

  1. casi totalmente deacuerdo con el articulo. Muy buena pelicula, imprescindible, hay que tener en cuenta que dura casi 3 horas!!! con lo que por muy buena que sea una pelicula se puede hacer larga si el asiennto no es comodo, o cualquier circunstancia. Puede ser que sobre alguna escena, pero es dificil decirlo, pues ninguna esecnea en sí se puede decir que transmita algo especial o sea memorable. Lo maravilloso de esta película, lo extraordinario, lo que la hace unica, es que es tan simple, tan cotidiana, tan natural, que llega un momento en la que cada escena, cada comentario te hace reflexionar sobre los momentos de tu vida , y te obliga a observar tu propia vida desde fuera. Una pelicula sin alardes, sin trucos, sin efectos, sin querer manipular, excitar, ni forzar al espectador, de la que hara 20 años que no se hacen.

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