Detective privado, literatura, Novela británica, Policíaca

Reseña “El crimen de las medias de seda” de Anthony Berkeley

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Anthony Berkely es un escritor inglés cuyo primer libro sobre la serie sobre Roger Sheringham se publicó en 1925, y el último en 1934, aunque salieron a la luz dos obras póstumas en la última década del siglo pasado. Formó parte, junto con Agatha Christie, Dorothy L. Sayers, y G. K. Chesterton, en el Club de los Detectives. Es importante conocer estos datos porque Berkely no es un autor moderno, o mejor dicho, no escribe según los cánones marcados por la novela policial actual, sino que sigue las pautas establecidas en su época y que resultan chocantes para el lector moderno.

Si tuviera que describir la novela El crimen de las medias de seda diría que es una historia teatral, con personajes marcados por una personalidad determinada, que se mueven en escenarios concretos y que interactúan con otros personajes como si recitaran un texto rígidamente marcado. La literatura actual de policías, o de investigación de asesinatos, es más cinematográfica, más apta para ver en la gran pantalla, o en la caja tonta. Es más visual, más agresiva, más sucia y más libre en su manera de desenvolver en tramas marcadas por el estilo del género. El estilo de Anthony Berkely es puro, conciso y rígido, el de Jo Nesbo, por contra, es más sucio, violento y más real. Diferentes pero tanto uno como el otro plenamente válidos. 

En cualquier caso  a la hora de enfrentarse a las novelas de Anthony Berkely se debe considerar quién es el autor, y en qué época vivió. Existe una crítica en Goodread en la cual un lector le daba menor puntuación a la novela por la descripción de un personaje judío que aparece en la obra. Consideraba que la manera de retratarlo, así como algunas observaciones personales del protagonista, dejaban mucho que desear; y tiene razón, en la actualidad serían consideradas antisemitas, como todo lo que esta palabra implica. Seguramente la manera en la que Berkely retrata al joven banquero Pleydell, nos llama la atención ahora pero en su momento suponemos que no debió levantar ni una ceja. Esto viene a reforzar la idea de que cada libro tiene su tiempo y que unos envejecen mejo que otros.

El crimen de las medias de seda es una muestra de que algunas novelas sobreviven bien al paso de los años aunque para ello pierdan por el camino parte de su frescura, o de su elemento de intriga. Todo empieza cuando Roger Sheringham, un escritor de novelas policíacas metido a periodista a tiempo parcial, recibe una carta de un padre que le ruega que investigue por qué su hija, que ha ido a Londres a ganar dinero, ha dejado de escribirles regularmente. Roger decide investigar un poco, y pronto descubre que la joven ha muerto, su cuerpo apareció colgado en un pequeño apartamento que compartía con otra joven. Al parecer se había quitado la vida. Pero Roger inquieto por el hecho de que no hay razones para que la joven, hermosa y con una vida plena, se quitara la vida, decide seguir investigando. Descubrirá que un asesino está actuando en Londres, haciendo que sus crímenes parezcan suicidios.

Esta es el eje central de la novela. Jóvenes asesinadas con sus propias medias. El culpable es un hombre astuto, un loco, que como bien dice Roger su único motivo es el placer de matar. Manía homicida convertida en una obsesión incontrolable. También lo clasifican de homicida de tipo sexual, o asesino sexual o lujurioso. Conceptos que le son aplicados porque mata a mujeres, no porque abuse sexualmente de ellas. Se menciona también lo que opinan los psicólogos de este tipo de personajes.

Para resolver esta serie de asesinatos Roger ayudará al inspector Moresby, aunque lo haga de una manera un tanto vaga, porque al final acaba actuando por su cuenta. Resulta simpática la tendencia que tiene nuestro protagonista a resaltar las diferencias entre los métodos de investigación británico y francés. Llega a considerar en más de una ocasión que para resolver el crimen no hay que usar los métodos de Scotland Yard sino los del otro lado del charco. Me pregunto si Agatha Christie, y uno de sus personajes habrá influenciado en la manera de pensar de Roger Sheringham. En cualquier caso no estamos ante una investigación al uso, sino más bien en sacudidas argumentativas que intentan hacer avanzar al lector. Debemos recordar que en esta época no existen los excelentes métodos forenses -ADN, ordenadores, bichos…- que existen en la actualidad, así que para atrapar al asesino hay que recurrir a las viejas maneras, las mismas que se usan para cazar al zorro que se cuela en el gallinero cada noche.

Los personajes están bien caracterizados. A Roger no sabes si alabarlo por su destreza mental -tampoco es que sea muy listo-, o darle un coscorrón por pedante. El resto se desenvuelven bien. No hay grandes sorpresas por esta parte. Como elemento adicional hay un toque de romance que le pega a la historia.

El discurrir de la trama se desenvuelve con soltura, aunque en ocasiones se quede en un segundo lugar. Tiene el ritmo justo para ser entretenida. Lo único malo puede ser el final un tanto “teatrero” pero resulta efectista.

Se puede decir más cosas de El crimen de las medias de seda pero quizá la única que vale la pena resaltar es que es una novela escrita en 1928 y eso se aprecia en cada página. Por eso a la hora de juzgarla no se puede hacer sobre los estándares que tenemos en la actualidad sino que hay que ser muy poco más flexible. ¿Es lenta?, sí, en ocasiones. ¿Ingenua? en multitud de escenas. ¿Personajes Estereotipados? Todos ellos. Y aún su lectura vale la pena porque novelas como esta, y como las de sus coetáneos, marcaron las pautas para la literatura negra y policial que tenemos ahora.

De vez en cuando hay que leer a los “abuelos” del crimen porque abren nuestras mentes y nos ayudan a valorar correctamente las propuestas actuales.

 

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1 thought on “Reseña “El crimen de las medias de seda” de Anthony Berkeley”

  1. No la conocía. Y me la llevo apuntadísima. Que tienes mucha razón. No podemos juzgar esta novela con las ideas que tenemos ahora de este tipo de novelas. Son otros tiempos, otra mentalidad. Y el género empezaba a tomar sus características.
    Besotes!!!

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