Acción, Ciencia ficción, Cine

Crítica “Transformers: La era de la extinción”

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Transformers. La edad de la extinción es la cuarta entrega de una serie de películas basadas en unos juguetes de la marca Hasbro que tuvieron mucho éxito en su momento. Aunque quizá señalar que sea la cuarta no sea del todo correcta porque esta cinta se aleja bastante del guión marcado en las tres entregas anteriores. El principal punto de desacuerdo es el cambio de protagonista que da un giro improvisado a la trama, que para algunos espectadores la mejorará y para otros supone arrebatarle de golpe, la parte más divertida que tenía la trilogía.

En cualquier caso lo que si comparte con sus predecesoras es que es una película pensada para un público masculino, si son amantes claro está de los coches caros, de las carreras automovilistas, de las peleas a golpes y de la presencia de la típica chica florero a la que hay que rescatar cada dos por tres. Porque por mucho que hayan cambiado el papel de la protagonista su función es puramente presencial, representa la cuota que parece exigirse en toda película de acción que se precie. Ahora ese papel recae en  Tessa (Nicola Peltz, típica representante de la estadounidense de buen ver del medio oeste) la hija de Cade Yeager (Mark Wahlberg), quien sigue a su padre por medio mundo (poniéndose en peligro en cada momento) junto con su novio Shane Dyson (Jack Reynor), otro personaje cuyo papel se reduce a unas líneas de diálogo y estorbar en las escenas de acción. Hay otro personaje femenino, que tiene alguna que otra pelea, pero también sirve para rellenar hueco. 

Pero esos no serían los mayores problemas de la película porque el guión, siendo puntillosos, es bastante malo. Resulta un tanto increíble que habiendo salvado el mundo en tres ocasiones, los Autobots tengan que esconderse de los humanos porque una gran compañía -léase la CIA- que tiene contactos con el ejército, pretende cambiar el mundo usando la tecnología con el que están construidos. Ahora son fugitivos, cada uno por su lado, de modo que son masacrados poco a poco. Eso incluye a su jefe, que terminó acumulando óxido hasta que un inventor experto en vida artificial -no le podía servir un simple panadero- lo compra para remodelarlo pensando que es un viejo camión.
Eso lleva a una lucha, y luego a otra y a otra. En medio de todo esto Optimus Prime se encuentra con algunos de los suyos. Uno es una copia exacta de un enano de la Tierra Media (referencia al Señor de los Anillos), otro es un samurai (referencia a cualquier samurai que se precie, para cerrar el círculo le da voz Ken Watanable), otro autobot resulta ser un tanto místico, hay dos que se están siempre peleando (referencias cine mudo, y a los dos gemelos de las entregas anteriores). Los centinelas creados por el hombre, recuerdan al Universos de los X-Men. También tenemos algo de Parque Jurásico. Muchas referencias que el guionista Ehren Kruger ha usado, no sabemos si por falta de ideas, por el deseo de dar un sentido homenaje a este tipo de cine -hay cosas sorprendentes en este mundo-. Ante tanto batiburrillo se encuentra su director Michael Bay, que ya sabe de qué va la cosa porque dirigió las tres entregas anteriores. Estudiando su filmografía se entiende un poco mejor porque Transformers: la edad de la extinción es un espectáculo visual con poco contenido. transformers-age-of-extinction

Para completar el conjunto contamos con Mark Wahlberg, que le toca hacer de padre joven -tuvo un tropiezo cuando fue un adolescente- excesivamente protector con su hija. No llega al nivel del anterior compañero de Optimus Prime, porque con este no hay escenas graciosas, solo es un personaje de acción al que se le arrebata lo que tiene de especial, su capacidad para entender la mecánica de los robots, de golpe y porrazo. Lo mismo pasa con sus compañeros humanos. Nicola Peltz, está porque tiene que haber una mujer que corra delante del robot y grite de vez en cuando, de modo que salga el ansia protectora masculina, que viene representada en parte por su novio, Jack Reynor, otro personaje que solo se dedica a rellenar escenas. En cuanto a los malos, está Kelsey Grammer y Stanley Tucci, dos actores que hagan lo que hagan lo hacen siempre bien, robando escenas a otros actores con menos capacidades que  ellos, aunque tengan el sueldo más alto.

La película es una sucesión de escenas de acción rodadas en diferentes partes del mundo  -ciudades que quedan destrozadas- que culmina en una gran pelea en la que hay un poco de todo. Un platillo volante magnético, decepticons que tienen nuevas habilidades y autobots que se traen a sus mascotas a la fiesta. Esa escena resume muy bien lo que representa este tipo de cine: destrucción masiva, diálogos irreales y una salvación que llega por los pelos.

Transformers: La era de la extinción  es todo un espectáculo de efectos visuales que dura dos horas y cuarenta y seis minutos que hay que ir a ver conociendo que no es una película que vaya a optar por algún premio al mejor guión. Pero pese a todo es muy entretenida, y su duración no se hace una tortura, aunque hay que reprocharle que no es tan divertida como las anteriores puesto que no está ni Jonh Turturro, ni Shia LaBeouf para darle el toque desquiciado de humor .

Por último comentar que una vez fuera del cine, me pregunté dónde me podría comprar la mascota del Optimus Prime, porque está muy bien. ¿Ese esa una recomendación para que vayáis a verla? Es posible.

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