Acción, Cine, Drama

Crítica “Caminando entre las tumbas”

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Si hace unos días decíamos que no había que meterse con Denzel Washington (The Equializer: El protector) tampoco nos podemos incordiar a Liam Neeson (Los miserables, Non-Stop) que parece que se ha especializado en meterse en la piel de un hombre de físico rotundo y con un carácter poco dado al diálogo. Su último personaje, el del detective privado, Matthew Scudder, reúne todas estas características. No puede pasar por un blandengue porque su envergadura física lo impide a primera vista. Pero es más preocupante su carácter porque si bien puede parecer que se puede caracterizar en una par de adjetivos, la verdad es que no es tan fácil decir cómo es Matthew Scudder porque tiene demasiados fantasmas sobre sus hombros. Y eso es posible porque estamos ante la adaptación de una novela del mismo nombre escrita por Lawrence Block, que participó en la adaptación del libro junto con Scott Frank, el director de la película. Ya solo el hecho de que el escritor – un autor reputado por su calidad, no estamos hablando de escritores de supermercado- se haya implicado supone elevar a Caminando entre las tumbas entre la mediocridad que podemos encontrar hoy en día en las salas de cine, porque nos encontramos ante una propuesta muy bien elaborada y con un guión solvente que no necesita recurrir a los trucos baratos (cosa que hace Perdida) para atrapar la atención del espectador. 

¿Pero de qué va Caminando entre las tumbas? Todo comienza con Matthew Scudder, un ex policía que ha tenido muchos problemas con el alcohol -está en rehabilitación constante, pendiente de no dejarse llevar por el atractivo de una botella- que después de perder su placa -la escena que nos cuenta por qué, es muy buena- se ve obligado a ganarse la vida como investigador privado pero sin licencia. Un día se le acerca Peter Kristo (Boyd Holbrook) para pedirle que ayude a su hermano, Kenny (Dan Stevens) quien se ha visto envuelto en un feo asunto que ha terminado con la muerte de su mujer, asesinada de un modo muy cruel. Al comienzo Scudder no tiene interés en el caso, Kenny es un traficante de droga de altos vuelos, y puede que el asesinato de su mujer se deba a ello. Aún así, Scudder termina implicándose, dándose cuenta de que nada es lo que parece.

La película no es una película fácil -en es sentido de que no es un simple producto destinado a llenar salas de cine- porque el libro no lo es. Los personajes son sucios, casi ninguno tiene buenos pensamientos, ni siquiera el niño TJ (Brian Bradley) presenta un toque de inocencia que lo dulcifique todo. Estamos hablando de asesinos despiadados que secuestran y matan a sus víctimas devolviéndolas en bolsas individuales de plástico, de traficantes de droga que primero disparan y luego preguntan, de un ex policía que ya ha conocido cómo es un infierno de sangre y balas porque ha participado en él, de drogadictos que no puede luchar contra su adicción… Hay muy poco bueno o bondadoso en esta cinta, ni siquiera la venganza termina de un modo dulce. Puede que ni siquiera se consiga la redención.

En cuanto al personaje de Matt Scudder, es tan complejo, tan inquietante y está tan bien interpretado – podemos criticar la elección de ciertos proyectos por parte de Liam Neeson pero nunca su buen hacer- que no nos queda más que rendirnos a él, aunque sea a costa de ver algo de las sombras que lo rodean. Sombras que intenta alejar convirtiéndose en un defensor de los más desfavorecidos,de aquellos que no pueden defenderse,pero al contrario que  Robert McCall (personaje de The equializer: el protector) carece de las destrezas necesarias para ser un súper asesino de sangre fría. En Scudder es más terrenal, más temeroso de sus debilidades y de sus tomas de decisiones, en definitiva es más real. Si le disparan se agacha. Si se enfrenta a golpes con un hombre, seguro que terminará más que magullado.

Sin duda Caminando entre las tumbas se un drama criminal muy bien construido que huye de los excesos, tomándose su tiempo para presentar todos los matices de la historia y quién se mueve en ella. Como única crítica -por poner algo negativo – decir que estamos ante una película de casi dos horas, puede que hubieran sobrado alguna que otra escena o algún que otro momento no imprescindible para la trama pero parece que ahora se lleva hacer películas de dos horas o más, así que no es excesivamente criticable.

Para los que amamos la novela poder ver una película de este estilo, respetando las reglas no escritas y no escritas de este género, es todo un sueño hecho realidad. Por suerte parece ser que esta cinta es la primera de una serie que quiere tener a Matt Scudder como protagonista. Parece que la novela negra ha revivido en la gran pantalla. Que no sea la única.

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