Divulgación

Reseña “La familia. De relaciones tóxicas a relaciones sanas”, Laura Rojas-Marcos

lafamilia

Hay libros que te aportan más de lo esperado, bien porque te provocan sensaciones que te dejan mareado durante cierto tiempo, bien porque te permiten reflexionar sobre quién eres y sobre lo que ocurre a tu alrededor. La familia. De relaciones tóxicas a relaciones sanas es el segundo tipo de libro, aquel que te abre los ojos a un mundo de relaciones que siempre has considerado como natural desde tu más tierna infancia pero que de pronto parece tener más de un secreto. Es como averiguar que el armario de la abuela si había un esqueleto, muy limpio, pero un esqueleto a fin de cuentas. 

Todos tenemos una familia. Podemos haber estado con ella desde que dimos muestras primera bocanadas de aire, o no saber quién son desde ese mismo momento. Pero todas tenemos una, y cada una de ellas es diferente porque la dinámica entre sus miembros lo es. Cuando nos invitan por primera vez a una comida familiar en la casa de un amigo, por ejemplo, siempre nos sorprenderán las costumbres que existen entre sus miembros: la forma de hacer la comida -¿eres de tomate Solis o de Orlando?- , cómo se parte el pan, quién hace que. Cada familia es única pero a la vez todas tienen elementos comunes que nos permiten identificarnos unos con otros. ¿Y qué tenemos en común? pues que generalmente existe algún pariente que parece sacado de una mala comedia de la televisión y que es el contrapunto de aquel otro que nos crispa cada vez que lo vemos, que saca lo peor de nosotros cada vez que estamos con él. El uno nos da para reírnos un rato, el otro nos puede destrozar el carácter sin que llegue a estar presente. ¿Qué podemos hacer con pariente así?

Laura Rojas-Marcos se atreve a responder a esta pregunta, indagando en el entorno familiar para intentar sacar a relucir aquellos aspectos menos conocidos, aquellos elementos que siempre metemos debajo de la alfombra -la hermana que se siente infravalorada por su hermana mayor, los padres que intentan controlar el futuro de sus hijos sin dar opción a réplica…- y que pueden hacer nuestra vida más infeliz. Personalmente me ha parecido muy revelador todo lo relacionado con las relaciones tóxicas, cómo las define, cómo pone diversos tipos de ejemplos -los extractos de pacientes reales me han parecido muy interesantes y clarificadores- y cómo describe algunas pautas para intentar superar este tipo de relación que resulta bastante dañina si no se controla a tiempo.

Pero el libro no solo se centra en la relaciones tóxicas también describe a lo lardo del libro el comportamiento de los miembros de la familia y de las pautas que tiene marcadas cada uno. De la posición que ocupan en la dinámica familiar. Un ejemplo perfecto se aprecia en las comidas. Cada miembro familiar -padre, madre, hijos- tienen su puesto en la mesa, a veces un sitio inquebrantable que da más de un dolor de cabeza cuando se incorpora un nuevo personaje a la escena familiar, porque dónde se tiene que sentar el cuñado. El síndrome Seldom Cooper sale a relucir con fuerza, porque en mi sitio no, que lo he estado ocupando desde hace treinta años, y ya tiene la forma de mi trasero.

La conclusión a la que he llegado después de leer este libro es que la familia es algo maravilloso siempre y cuando los deseos comunes se mezclen con los individuales, cuando lo buscado es el bien común que muchas veces pasa por dejar que cada uno tome sus propias decisiones, aunque no todos estén de acuerdo. No sirven gritos, ni angustias, ni las grandes discusiones que solo provocan sentimientos negativos, que son muy difíciles de olvidar.

Sí, todos tenemos a un pariente que es para darle collejas todo el día, que puede sacar lo peor de nosotros, que nos destroza anímicamente, pero la solución está en nosotros mismo que le hemos dado el poder para hacerlo. Romper con esa dinámica es complicado -las relaciones familiares están muy bien definidas, con juegos de poder, de control y de obligatoriedad social- pero cómo decíamos antes el bien común o la felicidad familiar -tener una cena navideña alegre y divertida y no tener a cuñada toda la velada criticándome porque he engordado un poco – se logra con respeto a las peculiaridades individuales, a los deseos, aspiraciones y sueños de cada uno de los miembros del grupo familiar. No es fácil marcar límites pero por nuestra salud mental es necesario.

La familia. De relaciones tóxicas a relaciones sanas de Laura Rojas-Marcos me ha parecido un libro muy interesante, clarificador en muchos aspectos, lleno de consejos y pautas que he de intentar seguir para mi tranquilidad de espíritu, porque si yo estoy feliz y bien conmigo misma, los que rodean también se pueden beneficiar de ello. Si se pega lo malo también se puede pegar lo bueno, ¿verdad?  Sin duda, una lectura que recomiendo a todo el mundo.

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