Novela romántica

Reseña “La suma de todos sus besos”, Julia Quinn

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Hace tiempo que no escribo una reseña de un libro romántico, un género por el que me decanto cada vez menos porque sinceramente, en este tipo de novelas no hay nada nuevo bajo el sol.

La suma de todos sus besos de Julia Quinn es un buen ejemplo de historia que no vale la pena ni resumir porque la descripción de su argumento nos lo dice todo. Y el argumento es este

Después de un duelo de funestas consecuencias entre dos amigos, Daniel Smythe-Smith debe huir de Londres y su rival, Hugh Prentice, queda lisiado para siempre. Daniel, reivindicado, ha podido regresar, pero Hugh, un brillante matemático, se ha convertido en un hombre amargado con escasa paciencia para los superfluos rituales de la alta sociedad y con ninguna esperanza de poder cortejar a una de las damas de alcurnia que antes lo rodeaban. Mucho menos a lady Sarah Pleinsworth, la irritante y autoritaria mujer encargada de cuidarlo. Por si esto fuera poco, Sarah pertenece a la familia de Daniel, y considera que Hugh es culpable de muchas de las tragedias desencadenadas por el fatídico duelo. Cuando Sarah y Hugh están juntos son como el agua y el aceite. Pero poco a poco, las chispas de odio y resentimiento que surgen entre ellos van dando lugar a una atracción cada vez más profunda, a la que ninguno de los dos puede oponerse. 

Tenemos por lo tanto a varios personajes que parecen interesantes. El primero es Daniel Smythe-Smith, el hijo segundo de un conde que ahora se debe hacer cargo de la carga familiar de engendrar al siguiente heredero del condado ya que su hermano mayor no está por la labor porque no le gustan las mujeres (es curioso cómo últimamente es políticamente aceptable incluir a personajes que se apartan de lo clásico sexualmente hablando aunque no se llega a profundizar en ninguno de los dilemas morales a los que se tenían que enfrentar en ese momento, claro que los personajes principales tampoco están bien caracterizados así que no podemos esperar gran cosa). Daniel es todo un genio de los número gracias a su gran inteligencia, pero la autora desperdicia esa característica porque los únicos momentos en los que apreciamos su inteligencia -no me refiero a su capacidad a recordarlo todo- es cuando hace largas multiplicaciones en las diferentes veladas sociales. O sea, Julia Quinn es vez de crear un personaje lleno de matices, hecho a si mismo, y que usa su gran capacidad cerebral para labrase un futuro más allá de las imposiciones dictatoriales de su padre, solo usa la cabeza para ponerse el sombrero. Que sea un quejica que esté toda la novela lamentándose de su pierna herida tampoco ayuda a que nos congraciemos con él. Y lo de brillante matemático, nada de nada, porque el las matemáticas no las toca nada.

Con respecto a la protagonista, Sarah Pleinsworth, es  una consentida cuya única preocupación es casarse, y por eso odia a Daniel porque por su culpa no ha podido encontrar marido en las tres temporadas que lleva en sociedad. Personajes vacuo, sin nada de fondo que reúne las características más irritantes de las protagonistas de la regencia en este tipo de novela: orgullosa de si misma, egoísta, valora solo la presencia física y no cómo son las personas, cree que todo el mundo se debe plegar a sus deseo y se encapricha cuando esto no ocurre. En sus locuras la acompañan sus hermanas, cada una distinta e irritante a su manera. Futuras protagonistas de esta serie romántica. 

La relación entre ambos es, ahora “te odio, desgraciado, que no he podido casarme con nadie, soy una solterona” a “te amo con locura”. Y eso en unos pocos días. Del amor al odio hay un paso muy estrecho pero aquí la distancia es ínfima, tendríamos que usar medidas muy pequeñas para calibrarla. Este tipo de relación no me gusta, me parece una trama muy artificial porque al fin de cuenta se basa en repetir estereotipos románticos si aportar nada nuevo porque la personalidad de los protagonistas solo resulta útil cuando se amolda a ese amor rápido y “noño”.

Quizá no haya leído el libro en el mejor momento, aunque me decanto por creer que el problema es que Julia Quinn es una autora muy sencilla, sin grandes expectativas, es de esas autoras que no necesitan mejorar, ni arriesgarse con nuevos elementos narrativos porque les sirven con repetir un guión bien estructurado en todas sus novelas, porque haga lo que haga siempre va a conseguir vender libros. Siempre va a tener lectoras que digan que sus novelas son maravillosas aunque tengan la profundidad del papel cebolla y sea una repetición de miles de novelas anteriores.

La suma de todos sus besos no me ha gustado, me ha parecido una historia de amor tan típica que no merece la pena ni el esfuerzo de leerla. En fin, que por ahora voy a dejar a esta autora y a sus libros a un lado porque hay propuestas muy buenas -incluso románticas- que bien valen la pena leer.

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