Animación

Crítica “El cuento de la princesa Kaguya”

cuento

Isako Takahata es confundador con Hayao Miyazaki de los estudios de animación Ghibli (El viento se levanta, Arrietty y el mundo de los diminutos, Ponyo), el mejor estudio de animación del mundo, por mucho que enojen otros grandes estudios cinematográficos. Con sus 79 años Isako Takahata (La tumba de las luciérnagas, El castillo en el cielo) nos presenta la que será su última película -así lo ha confirmado en algunas entrevistas- contándonos la historia de la princesa Kaguya, basada en un clásico cuento japonés.

Un anciano que se dedica a cortar bambú descubre entre los brotes de una planta de bambú una hermosa y pequeña niña. Asombrado la lleva junto a su mujer, a quien asegura que es un regalo de los dioses. La llama Princesa. Ambos ancianos deciden criarla y para su asombro crece mucho más rápido de los normal. Con el tiempo Princesa se hace mayor, y se convierte en una hermosa joven. Su destino está entre sus compañeros de aventuras y sus tareas en la pequeña casa de campo, rodeada de los bosques que tanto ama. Pero su padre encuentra un montón de oro entre los bambús que le hacen creer que su hija debería aspirar a ser una verdadera princesa. Por ese construye una gran casa en la ciudad y contrata a profesores que conviertan a su hija en una verdadera princesa. Pronto comienzan a llamarla Kaguya. 

El cuento de la princesa Kaguya es una película preciosa con un dibujo que ya no se ve en estos días porque cada fotograma está dibujado a mano -no hay efectos de ordenador- lo cual hace que visualmente sea asombrosa. Puede que la precisión a la hora de describir el pelo de Kaguya no sea perfecta, que esté esbozado en sus elementos más simple, pero es que no hace falta poder contar cuántos mechones tiene para darnos cuenta de que la animación es asombrosa. Es un estilo que además se adapta a los sentimientos de los personajes, pues en determinado momento la animación cambia siendo más errática, más desesperada, más veloz y descontrolada acoplándose perfectamente al momento de la huida de Kaguya de la ciudad. El estilo de dibujo está al servicio del gusto del director pero también al de la historia y al de los personajes. Estoy segura de que haber elegido otro modo de dibujar a los personajes hubiera creado una historia que posiblemente no fuera tan hermosa y emotiva como es esta película. Aquí se vuelve a ver la genialidad de Takahata en la elección de ese estilo antiguo de ilustración japonés.

En cuanto a la historia, estamos hablando de un cuento tradicional japonés con todo lo que eso implica. Para los que nos gusta la animación japonesa -películas, series de televisión, novela gráfica- una de las cosas que más nos llama la atención cuando empezamos a interesarnos en todo este tipo de arte es que la cultura japonesa veces optan por finales que a veces apestan. Acostumbrados a los finales mayoritariamente felices de los cuentos de los hermanos Grimm, de Hans Christian Andersen o de Charles Perrault, ver cómo acaban algunos cuentos de este país puede ser muy descorazonador, porque la felicidad brilla por su ausencia. En el caso de El cuento de la princesa Kaguya, ya iba preparada para enfrentarme a un final de lo más trágico, pero ha sido una agradable sorpresa ver que si bien terminas en un mar de lágrimas lo haces por motivos que están muy alejados del hecho de que la protagonista muere por suicido pasional o la han descabezado.  Recomendación, si eres de las que te emocionas con facilidad, llévate pañuelos.

El cuento de la princesa Kaguya es la película más larga de los estudios Ghibli con 137 minutos de duración, que no se hacen excesivos en ningún momento. Aquí se vuelve a demostrar la habilidad del director para saber cómo componer una historia en más de dos horas con facilidad, sin que en ningún momento la trama muestre cansancio.

Y ahora viene la gran pregunta ¿cómo es posible que no le hayan dado el Óscar a la mejor película de animación de este año? Es imposible compararla con Cómo entrenar a tu dragón 2, Big Hero 6, Song of Sea, Los Boxtrolls. Estas son películas comerciales, destinadas -hay que ver Song of Sea para comprobar si encaja en esta categoría- a llenar las salas de los cines. Sí, son películas entretenidas, divertidas y perfectas para comer con palomitas, pero no es la gran obra de arte que es El cuento de la princesa Kaguya.  Supongo que volvemos a encontrarnos con el gran problema que se viene apreciando en este tipo de premios en el que priman más los intereses particulares -y si son intereses particulares estadounidenses mejor- que la calidad de las propuestas.

En cualquier caso El cuento de la princesa Kaguya es una gran película que seguramente con el tiempo se convertirá en una película de culto. En cuanto al estreno en España, no hay fecha concreta, aunque si tenéis oportunidad de verla en el cine como fue mi caso -en versión original subtitulada- es una oportunidad que no se puede dejar escapar.

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