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Reseña “One by one”, Chris Carter

onebyone

Chris Carter es un autor desconocido en España puesto que ninguna editorial se ha interesado por él hasta este momento. Nacido y criado en Brasil se trasladó a los Estados Unidos para terminar sus estudios. Se hizo psicólogo, especializándose en comportamiento criminal, ayudando a la policía durante años. Abandonó esta vida cuando decidió dedicar todo su tiempo a escribir. A diferencia de otros autores es importante resaltar su biografía porque Chris Carter conoce de primera mano cómo se comporta un criminal, cuáles pueden ser sus motivaciones y los pasos que puede dar para lograr sus objetivos. Esto se percibe en la manera en que desarrolla la trama de sus libros. 

One by one  es el quinto libro de la serie sobre Robert Hunter, un detective del departamento de policía de Los Ángeles especializado en casos difíciles. Le ayuda en su labor Carlos García, un hombre felizmente casado, a diferencia de su jefe que nunca ha podido mantener una relación amorosa estable por su carácter tan peculiar. La historia comienza con una llamada a la oficina de Hunter. Un hombre desconocido le persuade para que vaya a una página web. Una vez en ella Hunter y García asisten asombrados al asesinato en directo de un hombre sin que ellos puedan evitarlo. Ambos con ayuda de la sección de crimen cibernético del FBI, en especial de la ayuda de una antigua pirata informática que ahora trabaja para ellos, intentarán detener al asesino y evitar que vuelva a matar.

No cabe duda de que One by one tiene cosas muy interesantes. Quizá la principal es que la historia atrapa desde el comienzo no sólo por el papel que juega el protagonista y los secundarios, sino porque la emoción está muy bien administrada y eso que en los últimos capítulos todos se precipita un poco. Quizá esto sea su gran debilidad, lo más criticable de todo su desarrollo, porque la solución surge demasiado repentinamente, como si fuera una especie de revelación que Hunter tiene en un momento, contradiciendo toda la labor investigadora que su equipo ha venido desarrollando durante semanas. Pero si dejamos esto a un lado, los crímenes que tiene que investigar nuestro protagonista son muy crueles en su discurrir. No hay piedad, ni respecto por las víctimas que no solo los asesinadas de un modo terrible si no que su fallecimiento es algo público, que lo presencia como si de una película de Hollywood se tratase. El punto culminante llega cuando su destino depende de una votación. Es inquietamente la manera en la que un usuario de Internet se puede volver cómplice de una muerte con solo pulsar un botón sin que tenga remordimientos.

En cuanto a  la resolución, y no me refiero a cómo se llega a atrapar al asesino, sino a los motivos que se esconden tras los asesinatos está muy bien pensada. Aquí la labor del autor, su pasado como psicólogo criminal se percibe porque una vez que sabes la verdad todo encaja perfectamente.

Pero no solo la historia es buena, también son en cierta medida los personajes. No puedo evitar pensar que todos ellos tiene trazas de otros personajes literarios, así que la originalidad no es un punto fuerte de esta novela. Robert Hunter lo podemos considerar como el clásico súper policía que carece de un grupo familiar o de amigos íntimos, no porque haya vivido una tragedia, o porque su divorcio lo haya amargado, o porque su carácter espinoso lo aleja de todos. Él carece de grandes amistades porque es demasiado listo,  es demasiado bueno en su trabajo y no le interesa relacionarse con nadie. Por contra su compañero, Carlos García, es un hombre familiar, está felizmente casado con una joven a la que adora, y ella le adora a él. Son el matrimonio perfecto porque ella entiende el trabajo de su marido y lo respeta, y él respeta a su vez que ella tenga su espacio personal. El resto de secundarios está poco trabajados. La gran jefa del departamento, es dura y firme en sus decisiones, y en muchas ocasiones su prioridad son las consecuencias políticas los casos, que se deben resolver sin meterse con los grandes poderes económicos de la ciudad. Con respecto a Michelle Kelly, es una joven genio de los ordenadores que se aparta de las reglas de vestuario del FBI, y que lleva tatuajes. No hay falta rebuscar mucho en la mente para que nos salga un nombre que nos recuerde a ella.

Por último comentar el estilo narrativo, que sinceramente no es muy bueno. Chris Carter escribe con decisión, es preciso y poco dado a las grandes o mediadas descripciones. Es uno de esos escritores que no llegarán nunca a destacar por su buena labor a la hora de plasmar en letras sus historias. No tiene la virtuosidad de Maurizio de Giovanni (Y todo a media luz),  o la austeridad de conceptos de Arnaldur Indridason (Hipotermia), simplemente es un autor que te marca por la historia no por cómo la cuenta. No hay nada de malo de ello pero le resta calidad a la novela en su conjunto porque a veces te da la sensación de que estás leyendo una historia que transcurre en un capítulo de una serie de televisión. Pese a todo ello, recomiendo a este autor, si te gusta la novela policial nada indigesta y fácil de leer.

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