Medio Mundo, Joe Abercrombie

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Joe Abercrombie seguramente es una de las voces de la literatura fantástica más destacadas pero eso no impide que tenga algún que otro tropezón sobre todo cuando se introduce en un género que no le es propio. Hablo del género juvenil. La razón es bastante simple, Abercrombie destacó por la magnífica trilogía «La primera ley» (La voz de las espadasAntes de que los cuelguen y El último argumento de los reyes) en la que desarrollaba un mundo cargado de violencia, y que poseía un toque ligero de magia oscura que proporcionaba aún más valor al argumento. Destacaba por la gran caracterización de los personajes, por la minuciosidad en los escenarios en los que estos se movían y por el detallismo a la hora de plantear las emociones más oscuras y asesinas de los seres humanos. Se podría decir que esta trilogía es un ejemplo claro de la riqueza narrativa que podremos encontrar en la literatura fantástica. Algo que también consigue Brandon Sanderson o Patrick Rothfuss.

No cabe duda que Abercrombie sabe escribir muy bien pero su gran virtud es la recreación de mundos fantásticos con cierto detalle de modo que los personajes tengan sentido dentro de esta realidad. Sus acciones, emociones, deseos, virtudes y defectos se interrelacionan con su mundo adquiriendo ambos sentido. Y por eso es desconcertante encontrarse con una novela, Medio Mundo, que carece de todo ello.

Es bien cierto que la primera novela de la trilogía, Medio Rey, resultó un tanto decepcionante pero en este caso asumo toda mi culpa como lectora, ya que poseía unas expectativas demasiado elevadas desde el comienzo. Pero ya no puedo culplarme en el caso de la segunda entrega, Medio Mundo,  porque es un libro que carece de interés. Tan poco interés tiene que sin haber leído el último tomo de la trilogía puedo considerar que la historia está completa después de haber leído el primero y el último, el segundo es completamente prescindible. ¿Por qué digo ésto? Porque en este libro no pasa nada relevante. Se podría resumir en que es el viaje de padre Yarvi en búsqueda de aliados para la guerra. Esto supone que el ahora sacerdote, y antiguo hijo de una reina, se embarca en una aventura con unos cuantos bravos marineros en un barco que se asemeja muchísimo a un barco vikingo. Entre su tripulación está Espina Bathu, una joven que ha sido condenada a muerte por haber matado accidentalmente a uno de sus suyos durante un entrenamiento de combate. Esta joven es una luchadora nata, que solo desea seguir los pasos de su padre y que su nivel de feminidad es cero. Le acompaña, Brad, otro joven guerrero que ha quedado relegado a ser un simple trabajador después de haber ayudado a Espina a evitar la pena de muerte.

Quizá mi gran problema con este libro sea la propia protagonista y que se relegada a Yarvi a ser el mero personaje secundario encargado de tergiversar los hechos y las palabras para su propio beneficio. Sinceramente no me gusta Espina, es un personaje femenino que no tiene nada de femenino, es decir, sustituyo su nombre por uno masculino y no habría grandes problemas con el personaje salvo en la relación amorosa que mantiene con otro personaje. Aunque si consideramos que podría ser un amor homosexual este dilema queda resuelto. Entonces ¿por qué crear una protagonista femenina? Mi respuesta más cínica sería porque venden más libros, o sea la literatura juvenil de tipo fantástico que más arrasa en ventas está protagonizada por jóvenes luchadoras de carácter implacable. Y es importante vender. También podría ser porque Abercrombie deseara crear una joven fuerte y decidida pero si este es el caso, la ha radicalizado tanto que ha perdido toda su esencia. Con esto no quiero decir que las guerreras tengan que vestirse de rosa o con volantes, no hay que llegar a este extremo, pero no significa que tengan que dejar de ser lo que son: mujeres. Para ser una buena luchadora, una guerrera letal no hay que masculinizarse.

Dejando ya de lado a Espina, queda el argumento. Pues se puede resumir del mismo modo en que se resumen un capítulo de la estupenda serie animada, Viki el vikingo – considerando que Viki es más simpático y más listo que Espina o Yarvi-, o sea meto a todos los personajes en un barco y a remar. Me encuentro con un obstáculo que me impide remar, pues a levantar el barco y a llevarlo a otro lado. Me encuentro con reyes, con sacerdotes. Más remo. Más agua. Más ciudades. Más remo. Más agua. Peligro. Más remo. Más agua. Y así hasta el final. Por el medio alguna que otra batalla. En cuanto al final, está la confrontación más deseada de Espina. Y… pues nada más que hay otro libro por vender.

Medio Mundo ha sido bastante decepcionante en muchos aspectos. Lo único que ha valido la pena es poder disfrutar de la escritura de Abercrombie, porque tanto el argumento como la caracterización de los personajes han sido muy… blandos, carentes de chispa o interés. Es cierto que estamos ante una novela destinada a un público juvenil y que hay que rebajar la gravedad de algunas acciones o características personales, pero eso no impide que se cuente una historia. Y aquí la historia no vale la pena.

En fin, después de concluir Medio Mundo no estoy muy emocionada en leer la siguiente entrega a pesar de que está en la estantería junto a los dos volúmenes anteriores. Supongo que necesitaré algún tiempo de recuperación para enfrentarme a Media Guerra. 

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