Lucifer o cómo ser un buen demonio

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Lucifer  se presentaba como una de las propuestas más interesantes de este año a nivel televisivo, o eso podría parecer al considerar que es la adaptación de una historia que se relaciona estrechamente con “The Sadman” de Neil Gaiman. Podríamos suponer también que el tratamiento que se le da al rey de Inframundo podría ser un tanto distinto, al fin y al cabo las novelas gráficas/tebeos/cómics no están tan inbuidos de buenas intenciones y se saltan muchas veces las reglas de la corrección política, para nuestro mayor deleite. Pero Lucifer no cumple las expectativas que nos habíamos creado porque considerando la primera temporada  -actualmente están emitiendo la segunda- nos encontramos con un clásico procedimental policial protagonizado por un personaje que no pertenece a los cuerpos de seguridad. Hay muchos ejemplos, si nos remontamos en el tiempo está la incombustible Jessica Flecher, y más recientemente Psych, Castle, Elementary… pueden ser buenos ejemplos de lo que estamos hablando. La estructura es la misma, un personaje -escritor, investigador paranormal, un lubreras de los detalles, dueño de una tienda…- se convierte ayudante de un policía. Generalmente el policía es la parte seria y responsable del trabajo, aunque guarda unos cuentos secretos, mucho mejor si están relacionados con la muerte de un familiar -padre o madre-, mientras que el no policía supone la parte más lúdica festiva del conjunto. Ambos, la seriedad y el rigor en las investigación se unen con una manera distinta y diferente de ver los casos que siempre llega buen puerto.

En el caso de Lucifer la estructura es la misma, solo que han establecido un elemento paranormal que no está explotado del todo. Lucifer Morningstar (Tom Ellis) es el Diablo, el hijo predilecto de Dios que después de una traición fue repudiando y obligado a dejar el Cielo para reinar en el Infierno. Pero Lucifer está cansado de su papel y por eso decide tomarse un descanso con uno de sus demonios más leales, Maze (Lesley-Ann Brandt). Ambos llevan residiendo en Los Ángeles desde hace cinco años dirigiendo un club nocturno de mucho éxito. Pero su huida ha tendido consecuencias porque de vez en cuando aparece un ángel, su hermano Amenadiel, para recodarle su deber. Cuando se cruza en su camino la detective de homicidios Chloe Decker (Lauren German), Lucifer se siente atraido por ella porque es la única que es capaz de resistir su poder, aquel que obliga a la gente a confesar sus más ínfimos deseos. Entre ambos se establece una relación, para Chloe es algo puramente profesional -es madre de una niña y aún está casada con uno de sus compañeros de comisaría aunque vivan separados-, y para Lucifer todo un reto.

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La primera temporada deja una sensación un tanto desigual porque si bien el esquema que se sigue para investigar cada caso es similar o  casi igual al que podemos encontrar en la ya mencionada Castle, convirtiéndola en una propuesta agradable aunque no muy emocionante, esta simplicidad también es su mayor problema. En conjunto la propuesta es muy irregular, avanza trompicones, es decir, los primeros episodios plantean un esquema ya mencionado, luego introducen el robo de un objeto importante para Lucifer que en vez de servir de punto de apoyo para el resto de la temporada, lo resuelven de un par de episodios. A continuación el problema ronda a Chloe y si bien lo estiran un poco más, también se revuelve sin mayores problemas. Luego Amenadiel y Maze también tienen sus conflictos. La sensación que produce si analizados todos los episodios no es de uniformidad, es de cierto caos a la hora de establecer un patrón claro para la serie, es cómo si los guionistas no supieran cómo desarrollar la historia e intentaran crear diferentes propuestas a ver cuál funciona mejor. El caso es que a medida que avanza la serie la parte policial pierde mucha entidad pero no a favor de la parte sobrenatural que sigue siendo muy suave, y poco profunda. El desequilibro entre ambas se hace más profundo.

Pese a todo ello Lucifer sigue siendo una serie que se puede ver cómodamente, es entretenida, nada compleja y tiene unos personajes con cierto encanto, además ayuda que Lucifer tenga cierto encanto que provoca alguna que otra situación cómica. Solo hay que ver la relación que mantiene con su psicóloga.

En cuanto a la segunda temporada ha empezado sin que se desviara del curso previsto en la primera. La incapacidad de la establecer una trama coherente y unitaria -aunque esta sea muy débil-sigue presente y se ha hecho todavía más aguda con la entrada de un nuevo personaje emparentado con Lucifer, que sinceramente no sabemos de dónde ha salido. Bueno sí del Infierno, pero no sabemos qué pinta en toda la historia. Por el momento.

En fin, que si deseas ver un rey del Infierno deseoso de acabar con el mundo y con una cohorte de demonios sedientos de sangre y de almas, mejor te ves alguna temporada de Supernatural porque el Lucifer de Lucifer lo único que tiene de malvado son los rojos que le salen de vez en cuando. Por lo demás es todo un encanto.

Un pensamiento en “Lucifer o cómo ser un buen demonio

  1. Entre unas cosas y otras aún no la he visto, aunque lo he pensado varias veces. Leyéndote veo que sin ser nada extraordinaria es entretenida, a la espera de cómo siga igual me animo el día menos pensado.
    Feliz semana.

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