«Bellas durmientes», Stephen King y Owen King. Un agridulce cuento de terror

 

Bellas durmientes Stephebn KingMientras leía Bellas durmientes pensaba lo complicado que podría ser realizar su reseña por lo complejo que podría resultar resumir todo lo que aportaba, porque más allá de su calidad literaria o de los gustos personales, este libro tiene muchas capas de distinto grosor y naturaleza.

Podríamos empezar por la capa más superficial y hablar de Bellas durmientes como un cuento actual de terror, pero es que no es un libro de terror, es más bien una historia apocalíptica peculiar, desastrosa para los hombres y esperanzadora para las mujeres, aunque la verdad es que ninguno de esos adjetivos es válido. Y aquí viene otra capa, que nada es simple. Una de las grandes virtudes de Stephen King -que aquí ha colaborado con su hijo Owen- es que sabe mejor que nadie coger un elemento sencillo y transformarlo en un horror indescriptible. Eso explica la ansiedad que te puede provocar ver un perro después de leer Cujo, o que no mires de la misma manera las bocas de los desagües después de It. Esa manera de transformar lo cotidiano en terror es fascinante porque si no nos podemos fiarnos de lo más básico -en cuanto a la estructura de la familia y de nuestra propia vida-, de los esquemas que definen nuestro modo de vida, ¿qué nos queda? Uno de los pilares en que se basa la humanidad es que hay hombre y mujeres -no vamos a meternos o a discutir los posibles flecos de esta idea- con toda la armonía y conflicto que esto supone. Pero si uno de ellos desaparece ¿qué ocurrirá?

Las mujeres no se despiertan y su rostro se cubre con una capa extraña a modo de capullo. Si intentas quitarla ellas se despiertan de su trance en un estado extremo de violencia para luego volver a caer dormidas. Es imposible sacarlas de ese sopor. ¿Qué pasa ahora? las soluciones de los hombres pasan por esperar a que los científicos solucionen en problema como parece considera el doctor Clinton Norcross, otros deciden intentar hacer algo más aunque implique violencia como Frank Geary, y luego están los que no dudan en aprovechar para matar a placer. Stephen King no esconde la naturaleza primitiva de los hombres, aunque da la sensación de que la ha llevado al límite. Me gustaría pensar que si en la realidad algo así llegara a suceder serían capaz de mantener la calma, al menos un rato. Por otra parte, las mujeres pueden estar dormidas pero en realidad se han trasladado a un futuro lejano, en donde el tiempo discurre más rápido. Allí llega Lila Norcross, jefa de policía de Dooling quien se convierte una de las jefas del lugar. Este «Nuevo Norcross» no tiene hombres y está en ruinas pero las mujeres van poco a poco arreglando el lugar y logran sobrevivir sin grandes problemas. Aunque en ocasiones alguna que otra desaparece. ¿Un lugar solo habitado por mujeres y ningún problema? Ehhhh, como mujer y sabiendo lo cotillas y toca narices que podemos llegar a ser, pongo esta utopía en duda.

Si King lleva la actitud de los hombres hacia la violencia, en el caso de las mujeres parece que la traslada hacia la amistad, colaboración…. hacia un mundo ideal. La idea central de la historia parece ser llevar hacia los extremos las características de cada uno y ver que en el fondo esos extremos no son bueno, sino que el centro -hombres y mujeres juntos- es lo mejor. Otra capa puede ser el toque ético y moral de la historia.

A diferencia de otras novelas de Stephen King, el terror con grandes letras no está presente, sino que lo que domina es la desesperanza que siempre acompaña a un mundo apocalíptico. La verdad es que no hay nada de humor en la historia, nada que haga que exista un resquicio de esperanza, ni siquiera al final. El ejemplo está en la familia Norcroos, aparentemente perfecta y que acaba echa un desastre. Lo que les sucede en vez de unirlos -y eso que Clinton hace cosas muy cuestionables porque quiere volver a ver a Lila- los separa. Y eso añade otra capa.

Luego están los elementos secundarios sacados de nuestra vida cotidiana, y que aportan un toque de crítica social: violencia contra las mujeres, racismo varios, drogas, sexismo, referencias bíblicas (Eve, el árbol, la serpiente) … Y se añaden más capas.

Como lectora me ha gustado el libro pero he de confesar que me ha saturado en algunos momentos. Una de las cosas que más me gusta de King es lo bien que llega a describir a los personajes y lo bien trazados que están todos, desde los principales hasta los secundarios pero a veces se pierde por los Cerros de Úbeda. O sea, si contamos a todos los personajes del libro tenemos setenta y uno -incluido un zorro común-, y todos ellos están explicados en distintos grados, unos más que otros evidentemente, pero incluso los secundarios más secundarios tienen su momento de gloria. Y eso abruma porque alarga en exceso un libro retrasando el desarrollo de la trama principal que se ve cortada por un suceso que le ocurre a un secundario-secundario y que a ti como lector te importa un pito. La verdad es que con los años King se ha vuelto  un adicto a la «verborrea» literaria. Sus libros antiguos eran más concisos y se leían como más placer.  Si fuera yo el editor de Bellas durmientes hubiera cortado bastantes cosas y de ese modo hubiera saturado todos los conceptos un poco más, haciendo que la novela fuera más oscura.

En cualquier caso ha sido una lectura más que agradable. La recomiendo pero con la anotación de que no es para lectores que buscan los puntos centrales de inmediato sino que para aquellos que tienen mucha más paciencia.

 
BELLAS DURMIENTES
Stephen King
Editorial: Plaza y Janes
Género: Fantasía. Terror
Páginas: 768     Fecha de publicación: Febrero 2018
Más críticas/ Compra: Casa del libro

 

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