“El bailarín”, insustancial visión del señor de la danza.

el bailarín

A Rudolf Nureyev se le solía llamar El señor de la danza por su gran dominio técnico que rozaba la perfección. Además de bailarín clásico fue coreógrafo y director del Ballet de la Ópera de París durante la década de los ochenta del siglo pasado. Su legado se traduce en grandes interpretaciones y en una reinvención del ballet clásico. En cuanto a su vida privada si indagamos un poco por la red podemos ver que también fue bastante interesante. Con un personaje como Nureyev se podría pensar que una película sobre su vida sería interesante, más si esta se centrase en un momento concreto, cuando decidió dejar la URSS y pedir asilo en Francia. También podríamos pensar que Ralph Fiennes, como director y uno de los actores principales, podría darle vida a esta historia. Pero en ambos casos estaríamos equivocados, no mucho en la primera pero sí completamente en la segunda.

No estoy muy segura de si la historia repuntaría con otro director pero si puedo afirmar que le hubiera dado un toque distinto, no tan caótico como el que Fiennes le ha dado a El bailarín. 

París, 1961. Rudoff Nureyev, uno de los bailarines del la compañía Kivov de la URSS viaja por primera vez al extranjero. Los pasos de todos los miembros de la compañía son seguidos por la KGB, especialmente en su caso que no duda en confraternizar  con personas ajenas a su país.

A partir de este momento vamos conociendo a Nureyev, sabemos de su afición a los trenes ya que él nació en uno, de su triste infancia en la ciudad de Ufá, viviendo con su madre y sus hermanas mayores y con un padre ausente en sus primeros años de vida. Luego saltamos al Nureyev adulto, esta vez en Leningrado, en donde estudiará ballet. Es allí donde después de un par de altercados con sus profesores se traslada a la clase del maestro Pushkin ( Ralph Fiennes), quien lo acogerá en su familia cuando Nureyev más lo necesita.  Pasa el tiempo y estamos en Francia, París, y nuestro protagonista no duda en hablar con los extranjeros, se encuentra con Clara Saint, Michael Jones… quienes le enseñan lo mejor de la ciudad.

Puede parecer una historia sencilla, y realmente lo es, pero el director la convierte en caótica porque no sigue una linea temporal marcada. Los momentos de la niñez se entremezclan con los de Nureyev en París, y luego cuando es estudiante en Leningrado. Volver al pasado para explicar las causas de un suceso presente es un recurso muy utilizado en el cine, pero necesita unos buenos soportes para no resultar caótico o innecesario, es decir, para no interrumpir el discurrir natural de la trama. Cuando volvemos a la niñez de Nureyev se nos presentan escenas que no aportan nada, solo que nuestro protagonista es un niño muy solitario, no se establecen las relaciones con sus hermanas o sus padres más que superficialmente. Tampoco se aprecia cómo nace el amor de Nureyev por la danza. Cuando volvemos a la época de estudiante de ballet, el caos se agrava porque el actor que interpreta a Nureyev es el mismo que el del adulto y en muchas ocasiones no hay referencias espaciales para saber en qué momento estás. Existe una escena en la que el protagonista está solo en una calle, pero ¿en Leningrado esperando a alguien? ¿en Paris visitando el lugar?  En su juventud Nureyev tiene dos relaciones, una con una mujer mayor y otra con un hombre joven ¿cuál es la primera? ¿suceden a la vez?¿hay amor en ellas?… Son preguntas sin respuesta. En París hay ciertas referencias, más que nada porque hay más personajes a su alrededor, y porque la KGB anda vigilando. En cualquier caso su estancia en París es otra vez insustancial porque no ocurre gran cosa más que irse de fiesta con una nueva amistad femenina.

Es una pena que El bailarín me parecía era una película fallida y además aburrida. Estoy segura de que Nureyev era todo un personaje, volcado en la danza, así que ver una película sobre su vida con pocas referencias al ballet es un tanto decepcionante, como lo es que al final, cuando llega el momento de decidirse el destino del bailarín -URSS o Francia-, se someta esa decisión a un curioso giro del destino, no a un deseo profundo e inquebrantable de ser libre para bailar. Sí, en la película Nureyev explica en muchas ocasiones que él lo único que quiere es bailar, y bailar y bailar pero en esta película ese sentimiento no se llega a reflejar, lo único que hay es un contenido vacío de emociones, casi aséptico. Como la interpretación de Ralph Fiennes de Pushkin, que es tan lánguida y carente de vida que parece un muñeco al que le fallan las pilas y no da para más.

Comentar que tampoco me ha gustado la manera en la que está rodada la película, hay cierta carencia de homogeneidad, es decir,  los primeros momentos los personajes están excesivamente cerca, casi sofocando la pantalla, luego se abre el escenario pero no es suficiente para desligarse del sentimiento de ahogo. Supongo que esto se ha debido a una falta de presupuesto, para ahorrar costes de ambientación (París años sesenta) me centro en la cara del personaje y desenfoco el resto.

El bailarín no es una película que recomendaría para ir al cine al menos que seas muy fan de las películas biográficas, o que te interese mucho Nureyev. En general es una película muy gris, en contenido y en espíritu que en la búsqueda de abarcarlo  todo -la vida del protagonista desde su niñez hasta su huida de la URSS- deja de lado la verdadera esencia del momento dramático, perdiendo la oportunidad así de centrarse ese punto de inflexión que marca la vida de una persona. En el caso de Nureyev, ocurre en un aeropuerto.

Consejo para futuros  o actuales directores. Si eliges como actor principal a un bailarín sin experiencia interpretativa como actor te arriesgas a que no sea bueno -como es el caso en esta película- y que sea más difícil que los espectadores empaticen con el personaje, al menos usa sus fortalezas, hazlo bailar, brillar en la pantalla. Estoy segura de que si el protagonista hubiera bailado más y merodeado menos por las calles de París, la película no sería tan aburrida.

 

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