“La chica salvaje”, Delia Owens. Una delicada propuesta sobre la superación

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Cada año hay una serie de libros que parece que sean imprescindibles leer porque así lo determina la moda, el mercado o las buenas maneras de industria editorial. A veces hay suerte y la propuestas es buena, en otras lo único excelente es la gran campaña de publicidad que rodea al producto. Y en este peculiar mundo está Where the crawdads sing, traducido en español como La chica salvaje, de Delia Owens, un auténtico superventas y con excelentes reseñas.

El libro se inicia con un mapa y con el descubrimiento de un cadáver por unos niños en el año 1969. Pero esto es solo el inicio de la historia porque todo arranca unos años antes con el abandono de la madre de Kya de su familia, incapaz de soportar más los malos tratos de su marido. Atrás deja una niña de cinco años y unos cuantos hijos mayores. El salto entre el asesinato de 1969 y lo que acontece décadas atrás resulta inquietante porque lo primero que piensas es que dicha muerte tienen sus raíces en oscuros secretos del pasado. Y como lector no te equivocarás pero a la vez lo harás.

La chica salvaje  es la historia de la resistencia de Kya a dejarse llevar por la desolación. Como hija pequeña de una familia pobre blanca que vive en una cabaña en el pantano su pilares son sus hermanos y su madre que hacen la vida más soportable. Pero su madre huye con una vieja maleta y pronto el resto de sus hermanas y hermanos mayores también lo hacen dejándola sola con su padre. Y ahí está ella, una niña pequeña que debe sobrevivir con lo que puede ya que la ausencias de su padre pueden durar semanas. A medida que pasa el tiempo Kya se va fortaleciendo y aprendiendo a sobrevivir con lo que el pantano le da. Su única pasión son coleccionar pequeños tesoros como plumas de aves, y dibujar los animales que se encuentra en los alrededores de su destartalada cabaña. Y el tiempo pasa. Conoce el amor. Lo pierde. Parece que lo recupera. Surge un pequeño tropiezo en su vida. Sigue con su vida…

Y en medio de todo ello una muerte, la de un joven muy conocido en el pueblo que tuvo una relación sentimental con Kya hace años y que parece haber sido asesinado. Las pistas para descubrir al culpable no son muchas pero Kya, siempre escondiéndose de todos, no relacionándose con nadie y metiéndose en sus asuntos parece ser el chivo expiatorio perfecto para solucionar el caso.

Es difícil hacer una reseña sobre un libro que tiene unas críticas tan buena por parte de mucha gente. Te hace preguntarte qué clase de lector eres para no poder haber sido capaz de disfrutar de la novela como lo han hecho cientos de lectores. El único consuelo es que entre el océano de alabanzas hay alguna alma perdida que piensa como tú. No estás perdida entre tantos alabos. Y con esto no quiero decir que la novela sea mala pero mi desamor por ella se rompió cuando lo más interesante que tenía, ese toque de crueldad realista que clasificaba a Kya como “basura blanca”, limitada por su nacimiento y los perjuicios de sus vecinos, se rompe cuando la autora -una primeriza en novela de ficción- se deja llevar por sus sentimientos y su experiencia personal y convierte a nuestra protagonista en casi una doctora universitaria de biología.

Así que la primera parte, con Kya de pequeña mostrando como pesca, como intenta ganarse la vida sin su padre y sin dinero es una oda a la superación y al deseo de sobrevivir. Este toque de David Copperfield en donde las sucias calles de Londres se convierte en un pantano con animales es fascinante incluso aunque no llegues a creerte de todo que una niña pequeña pueda sobrevivir sola en esas circunstancias. El problema surge cuando de adolescente el amor llama a su puerta y el encanto que Kyra tenía se va transformando en algo distinto. Aprende a leer, estudia a su manera… se enamora. Y sigue sin relacionarse con nadie. Es una mujer del pantano que hace su propia vida pero que sigue los mismos caminos que cualquiera: amor, desamor, esperanza, soledad… Como ya he mencionado es en esta parte, cuando Kyra comienza a tener ese aura de “bióloga marina” cuando la novela comienza a perder fuelle para mí. La hace más inverosímil, y no es porque no crea en el poder de superación sino que esa transformación chirría demasiado para mi gusto por el carácter extremadamente científico que Delia Owens da a Kyra.

Además de drama hay un toque de romance. La historia de amor, la primera es hermosa y tiene un desarrollo un tanto peculiar, la segunda es más terrenal y nuestra las pocas cualidades que tiene la protagonista para tratar las dobleces de la conducta humana. La inocencia de la protagonista en cómo trata a los demás, su modo de huir de todos sus vecinos y de estar sola con sus gaviotas y sus plumas es a la vez triste y descorazonador en un extraño sentido porque yo en esta situación sería una de esas personas que no trataría de acercarme a Kya no vaya a ser que le dé un ataque de locura y me dé de comer a los caimanes. La razón de este pensamiento estriba en Delia Owens no termina de dar definición a Kya de adulta, de niña es adorable en su sencillez pero de adolescente y como mujer le falta profundidad, coraje y un toque de mala leche. Ella quiere estar sola y no busca a nadie aunque muchas veces adolece de soledad pero no hace nada para buscar compañía.

Y con todo esto está en asesinato, que sinceramente está en la novela no porque tenga un papel desatacado sino porque es necesario para poner el broche de oro a la historia y hacer que el pueblo entero se ponga en su contra. Podría haber sido una desaparición, un accidente, un robo, una infidelidad o cualquier otra circunstancia y la novela no  hubiera cambiado mucho.

En cuanto a las maneras narrativas Delia Owens escriba bastante bien, tiene un toque poético interesante que hace que las palabras fluyan muy bien. Pero como lector deben gustarte las repeticiones porque la escritora se repite bastante -por no decir mucho-,  y es algo normal considerando que Kya no habla con nadie o con casi nadie y estamos ante un libro de casi quinientas páginas. La repetición de la cotidianidad es obvia así hay que ser paciente y dejar que la historia burbujee a su ritmo.

Y ahora dos preguntas. ¿Me ha gustado el libro? Me ha gustado tanto la historia como la narración pero he de confesar que ha sido un libro que no he leído de una sentada porque estaba completamente absorta en él. Cuando sentía que la repetición se volvía monótona lo dejaba para leer otra novela. Confieso que no me importaron excesivamente los elementos negativos que he comentado antes porque considero que el libro cuenta lo que tiene que contar, que la historia es la que es aunque yo no esté muy conforme con el rumbo que ha tomado en cierto momento. Pero es el drama romántico policial judicial que Delia Owens ha querido escribir y después de leer la última página entiendes porque ha tenido tanto éxito entre los club de lectura -mayoritariamente femeninos, sin duda- porque es perfecto para discutir sobre él. ¿Lo recomendaría? Sí, siempre y cuando te hayas leído esta crítica y valores lo que puedes encontrarte en la novela.

Una última nota: Esta novela está ambientada en Carolina del Norte, en un pantano, pero en ella sólo aparecen animales bonitos -es muy Disney- con ausencia total de todo bicho potencialmente peligroso. ¿Dónde están los caimanes o cocodrilos? Supongo que al final la mejor definición de esta novela es que está ambientada en un pantano sin cocodrilos a la vista.

LA CHICA SALVAJE
Delia Owens
Editorial: Atico de los libros
Género: Histórico, drama, romance, intriga
Páginas: 384
Comprar/más críticas: Goodreads, Casa del libro

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