«El niño, el topo, el zorro y el caballo», Charlie Mackesy.

Este año 2020 ha sido un año muy duro para muchos. La necesidad de resguardarnos en casa ha provocado que las redes sociales, o las aplicaciones de mensajes gratuitos, se conviertan en parte de nuestra vida diaria. Y eso incluye a mi madre y a sus amigas. Ya antes de la pandemia, de vez en cuando, recibía un mensaje con una foto muy cutre y una frase esperanzadora. A veces eran videos largos con una música horrorosas y mucho brillo resplandeciente. Los deseos de buena voluntad de carácter cristiano dominaban la temática. Con la pandemia, y con un grupo de mujeres charlatanas sueltas en sus casas, los mensajes se han propagado como cucarachas, para mi desesperación porque me veo metida en ese grupo sin quererlo.

¿A qué viene toda esta larga introducción? ¿La pandemia a afectado mis neuronas? No, no es eso. ES que El niño, el topo, el zorro y el caballo de Charlie Mackesy me han recordado a esos mensajes: imagen bonita, texto sacado del corazón.

He de confesar que me gustó mucho los dibujos del libro, en su simplicidad está su grandiosidad. No se necesita saturar de color, un gran detallismo o elementos superfluos para contar una historia de sentimientos, o de reconocimiento personal. Aquí lo menos es lo más. El problema son las frases. Supongo que si me pongo a reflexionar tengo al niño y luego a tres animales, cada uno con sus peculiaridades propias, que podría asimilar a circunstancias de la vida o a lo que se me pase por la cabeza. Pero sinceramente no estoy yo para reflexiona ahora mismo. Nunca me han gustado los libros de autoayuda, y sin dudar sobre su efectividad sobre algunos lectores, me parecen una pérdida de tiempo. Y con El niño, el topo, el zorro y el caballo la vacuidad de este género se hace mayúscula. No hay ningún hilo argumental, algo normal considerando que no hay una historia que contar, aunque si rasco un poco puedo decir que hay cierta evolución que se ve reflejada en la presentación de los animales. Primero un topo, luego un zorro y por fin un caballo. Pero la unión de estos elementos está perdida porque cada página se presenta un pensamiento que parece sacado al tun tun.

Y así es todo el libro. Un dibujo hermoso y una frase escrita con una caligrafía de borracho -depende de la edición tendrás en la parte de abajo su traducción a una letra que se comprende, lo cual tiene gracia porque así da la sensación de que el libro tiene más texto cuando no es así- que refleja un pensamiento profundo. Puedes encontrar este tipo de frases en algunas agendas, uno para cada día, durante un año. También el Instagram. O en Pinterest.

Pero esta es mi opinión y está basa en que no me gusta este tipo de libros, porque no tienen nada que masticar. Es todo tan terrible mente dulce y blanducho que dan caries. ¿Lo recomiendo? Solo si quieres gastarte el dinero en un libro bonito lleno de frases de calendario y nadas más., o si eres muy fan de este género.

EL NIÑO, EL TOPO, EL ZORRO Y EL CABALLO.

Charlie Mackesy

Autoayuda. 128 páginas. Publicado en octubre 2020 por Suma de Letras.

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