“Outsourced” una comedia muy humana

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La comedia juega con las contraposiciones y no hay nada más opuesto que las diferentes culturas, o modos de ver la vida. Este hecho se ha llevado a la gran pantalla con mayor o menos éxito. Podemos recordar la divertida comedia francesa “Bienvenidos al norte” que tuvo su adaptación italiana, Bienvenidos al sur y española en  Ocho apellidos vascos. O las películas inglesas a las que les gusta jugar con la contradicción entre la aparente sobriedad inglesa y el colorido de la India. El Exótico hotel Marigold o Un viaje de diez metros, son un buen ejemplo de ello.

Outsource es una comedia estadounidense que podemos considerar heredera de la tradición británica, muy apegada a su antigua tierra colonial, la India, ya que no duda en jugar con todas las bazas que tiene este tipo de cine especializado en contrastar culturas. Y lo hace con soltura y con cierto toque de frescura, que procede de ser una película que se aleja de las grandes superproducciones en las que prima más la importancia de los actores principales que la trama en sí. No es una película independiente sino una comedia ligera que se aleja de los grandes circuitos comerciales. Y eso le otorga un gran valor.  Leer más ““Outsourced” una comedia muy humana”

“Mascotas” una locura desmedida

mascotas¿Qué hacen nuestras mascotas mientras estamos fuera? Es una pregunta muy interesante que hace unos años la BBC decidió responder usando cámaras en las casas de diversos dueños. La respuesta no fue muy emocionante, pero servía como base para intentar corregir ciertos hábitos perniciosos de los animales, como comerse las patas de la sillas. Es evidente que a Chris Renaud (Gru, mi villano favotito 2, Lorax en busca de la trúfula perdida) y  a Yarrow Cheney, directores de Mascotas, no le interesaba una película de corte documental sino que buscaban desenmascarar las locuras de nuestros animales de compañía. Dio muy buen resultado con Toy Story, con los juguetes cobrando vida cuando dejabas de verlos,   así que era una apuesta casi segura segura.

Max es un perro que adora a su dueña, Kate, que lo compró cuando era un cachorro. Desde que están juntos el amor incondicional de Max por su dueña es absoluto. Además es un buen perro que no destroza nada cuando ella se va a trabajar. Tiene como amigos a Chloe, una gata muy perezosa y a un conejito de Indias que se ha perdido entre los tubos de ventilación del edificio. Todo cambia cuando Kate trae un nuevo perro a casa, Duke, un mestizo que le triplica en tamaño. Lo que más le molesta a Max es que deba compartir el amor de Kate, pero Duke no está dispuesto a abandonar su nuevo hogar. Por desgracia un enfrentamiento entre ambos en plena calle los termina conduciendo hacia la perrera, pero por suerte son salvados por un grupo de antiguas mascotas, lideradas por un loco conejo blanco llamado Pompón.  Leer más ““Mascotas” una locura desmedida”

Cómo comportarse en el cine. Decálogo de buenas maneras

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Esta semana ha salido a la luz una pequeña polémica que ha conseguido llegar hasta el Defensor del Pueblo de la comunidad en la que vivo. El problema surge porque unas cuantas madres con niños diabéticos se sienten furiosas porque creen que sus derechos no son respetados ya que no se les permite llevar la merienda al interior del cine. Aseguran que sus hijos por su enfermedad necesitan controlar de un modo más estricto lo que comen y cuándo lo comen. Ellas desean lograr que se les permita llevar la fiambrera con el yogurt, galletas y demás cosas al cine y que los niños merienden allí. Como algunos comentaristas han manifestado en la noticia, el cine no es un lugar público, es un negocio, por lo que el dueño puede establecer las normas de entrada. Si se decide no permitir la entrada de comida del exterior se debería respetar. Entonces por qué se permite la comida que proporciona el cine. Más allá del deseo de aumentar el beneficio económico no es lo mismo limpiar –o barrer- unas cuantas palomitas que intentar quitar el yogurt se le ha caído al niño, o el chocolate, o el bocadillo de anchoas… Seguramente las madres tiene muy buena intención pero el afán de polémica –auspiciado por las redes sociales y las páginas de defiende todo tipo de propuestas- ha hecho que nos olvidemos de que no somos los únicos que tiene derechos. Es cierto que los niños diabéticos tienen derecho a ir al cine pero yo también tengo derecho a sentarme en un lugar que no esté pringoso –ahora que te dan el asiento numerado es difícil cambiar si éste no te gusta-, ni a oír cómo la madre le pide a su hijo que abra la boca para comerse el yogurt. Conozco gente que es diabética y no sufre ningún problema cuando quiere ver una película, y no van con la fiambrera.

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