«Battle Born», Amie Kaufman. Un cuento políticamente correcto.

El fin de la serie Elementales. Dragones, lobos y humanos.

Hace unas semanas, un poco antes de la entrega de ciertos premios cinematográficos, un presentador de un programa de noche de Estados Unidos, hacía una reflexión sobre el cine actual, sobre cómo ahora parece que debe regirse por ciertas reglas que hacen que los espectadores salgan de las salas sintiéndose unos miserables privilegiados. También justificaba porque una de las películas más vistas era la de un mono contra un lagarto gigante.

El caso es que en la literatura también se sucede este fenómeno al menos en la literatura de Estados Unidos. Hay que ser políticamente correcto y abarcar todos los aspectos posibles para tener a todo el mundo contento. Menos al lector. Considerando que una de las últimas polémicas ha sido porque el Principe Azul besaba a la pobre Blancanieves sin su consentimiento, entenderán el panorama que se vive en los Estados Unidos, tanto en el cine como en la literatura.

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«Los lobos del hielo», Amie Kaufman. Aventuras juveniles con hielo y fuego.

Las historias que cuentan con elementos opuesto siempre son interesantes en manos de buenos escritores. La mayoría de la literatura juega con esa dualidad. Amor – odio. Luz – oscuridad. Bien – mal. Policía – asesino. En el caso de Los lobos del hielo de Amie Kaufman los elementos contrarios son el hielo y el fuego. El primero procede de los lobos, el segundo de los dragones. Pero ambos tienen algo en común, se pueden convertir el humanos. O los humanos se pueden convertir en ellos. Esta idea sencilla se puede complicar un poco más. Ahora toda imaginar que los que pueden convertirse de lobos son los que controlan el reino, y la ciudad, los que en cierta manera desprecian aquellos que no poseen el poder de la transformación -ellos son simples humanos, como si fueran de una raza diferente e inferior- y viven según un régimen de clanes muy militarizado. Los lobos odian a los dragones y solo buscan la destrucción. De los dragones, poco se sabe, salvo que vuelan, son grandes y malos.

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