«Dragon Mountain», Katie y Kevin Tsang. Otra novela infantil con dragones.

Me gustan mucho las historias de dragones buenos así que siempre que tengo oportunidad -y veo un dragón en la portada- compro el libro. En este casi mi tentación fue Dragon Mountain escrito a cuatro manos por el matrimonio Tsang, ella Katie y él Kevin.

Pido opinión. Existe un campamento en medio de China para niños especiales -no se sabe qué tienen de especial- de todas las nacionalidades pero los protagonistas de esta historia son curiosamente un niño de California -de padre de Hong Kong y de madre caucásica-; una niña rubia que va a concursos de belleza y practica artes marciales y es insoportable; un niño de Irlanda con gafas, y una niña china que es de temperamento tranquilo. O sea, de doce niños los protagonistas son tres hablantes nativos de inglés y una niña china, que supongo que tiene que estar ahí porque la historia está ambientada en China y a alguien hay que meter.

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« El club del crimen de los jueves», Richards Osman. Un té demasiado amargo.

No es mi tipo de libro, creo que estoy demasiado influenciada por la literatura policial nórdica o la novela negra estadounidense, o la criminal italiana, francesa o japonesa porque no le he encontrado el punto a este libro. Es demasiado inglés, y no sé si eso es una insulto o una alabanza porque la novela ni siquiera vale un minuto del tiempo de mis sobreexplotadas para deliberar sobre dicha idea.

Con todos mis respetos no me gusta el té o las infusiones, al fin y al cabo es agua caliente con hierbitas flotando de dudoso gusto. Hierbitas que serán muy bonitas pero no dejan de ser hierbitas que dejan el agua con un color indefinido de sabor amargo. Por mucho que lo he intentado no me gustan y juro por Dios como Scarlett O´Hara en la colina de la mansión familiar que las he probado, pero no paso del primer sorbo. No. Como dirían los antiguos: agua de lavar calcetines. Pero tengo amigas a las que les encanta -amigos, se les quiere pese a sus dudosos gustos- y los ingleses han hecho un modo de vida con su té. Se lo beben con pastas de mantequilla y se quedan muy gustosos.

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« Esclavos del deseo», Donna Leon. Sin misterio en la gran Venecia.

Si hiciera una lista de los clásicos dentro del género policial europeo sin duda la serie sobre el comisario Guido Brunetti, escrita por Donna Leon (Sangre o amor), estaría incluida. Las andanzas de este comisario veneciano empezaron en el año 1992 y continúan hasta la actualidad. Lo que supone una novela por año. No está mal.

Primero me gustaría recalcar que la edición española de esta novela, en su sinopsis, te cuenta toda la trama. TODA LA TRAMA. Así que si esperas encontrar algo de emoción o de intriga después de leerla con la esperanza de que este pequeño resumen lleve a algo más, tu esperanza se morirá del estupor en la última página. La edición inglesa es más comedida y no destripa nada, o al menos no lo hace de un modo tan evidente.

Donna Leon no es veneciana, ni italiana, es estadounidense y no permite que sus novelas se traduzcan al italiano. Y la verdad es que es algo comprensible porque la descripción de sus personajes italianos puede levantar más de una ceja. Pueden levantar las dos. Por eso a la hora de considerar sus novelas hay que tener en cuenta que sus descripciones son las de una señora estadounidense de casi ochenta años viviendo un retiro dorado en una hermosa villa de Suiza. Ahí se queda la cosa. Sí, ella estuvo viviendo en Venecia durante años, pero no es veneciana y por eso aunque sus descripciones de los sentimientos de los venecianos según sus barrios pueden ser ciertas seguramente están sesgadas por su propio bagaje cultural.

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