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El futuro del libro

Quiero uno. Lo quiero. Pero no lo puedo tener. Pero lo quiero. Sé que que estaría traicionando a mi eterno amigo. Pero lo quiero. Es que…

Quiero un libro electrónico. Sé que no podrá ser, ya que su precio es absolutamente prohibitivo para mí, pero me gustaría tenerlo. También sé que sería una forma de traicionar a todos los libros que me rodean, con los que convivo y me peleo en más de una ocasión.

Para los amantes de la literatura, sabrán que la frase “el saber no ocupa lugar” solo es válida para la cabeza, pues si intentamos colocar todas las representaciones físicas de nuestros saberes más las que que se encargan de alimentar el alma, véase  enciclopedias, libros de todo tipo, tebeos… el lugar que pueden llegar a ocupar es enorme.

He de confesar que me encanta ver una librería llena de libros a rebosar y que éstos estén “vivos” , observar el cuidado con el que se colocan, y la ternura con la que se cuidan. Yo no tengo ni un libro roto. Parecen absolutamente nuevos, solo el paso del tiempo con su color amarillento. Obsesión no compartida con otros.

Mi pequeña biblioteca crece y crece con cada adquisición, me encanta leer, y se nota en cada rincón donde los libros sobresalen en perfecto orden. Creo que no hay nada mejor que tener un libro en las manos, la sensación de tocar su páginas, el peso que representa en el regazo, y el olor a nuevo que lo envuelve cuando llega a tus manos por primera vez.

Sensaciones magníficas pera a veces se ven deslucidas porque la historia no vale la pena. En pocas ocasiones me he encontrado con libro que haya dicho que era muy malo y cuando es así, siempre pienso que se ha destrozado un montón de árboles para algo que no tiene valor. Esta reflexión me lleva a preguntarme por el libro electrónico, porque si lo tuviera estaba segura que borraría el título sin dudarlo de su memoria, en intentaría hacer lo mismo con la mía.

En este país vivimos una paradoja, se edita mucho no solo para vender dentro de nuestro territorio, también tenemos un gran mercado fuera, pero se lee poco. Creo que cada vez menos bien por falta de ganas dentro de una cultura que es totalmente visual, bien porque los libros son auténticos productos de lujo para muchos bolsillos. Su precio comparado con otros países es altísimo. Pero no es cuestión de entrar en el complejo mundo editorial.

Hace tiempo sustituí toda mi colección de CDs por un disco duro, y las películas de DVD están olvidadas por el mismo motivo, ¿por qué tener un espacio enorme lleno de cajas de música o de cine si puedo tenerlas todas en unapequeño  disco que me cabe en la mano y que cuenta con una capacidad enorme?

No sé por qué todavía no se ha dado el paso hacia el libro electrónico, quizá sea que es difícil deshacerse del concepto de libro, lleva con nosotros miles de años, y su papel está muy arraigado en la sociedad. Pero no se puede parar el avance, por ahora el rechazo al “aparato” es muy grande, al fin y al cabo las editoriales tendrían que reestructurarse de un modo profundo, al igual que el mercado que se tendría que adaptar a las nuevas necesidades. En la actualidad  el libro digital no llega al 1% del total mundial de publicaciones pero se prevé que en el 2025 represente el 50%. Y las editoriales deberán comenzar a mirar más allá de sus narices.

Me gustaría tener uno pero más que nada para poder experimentar la sensación de leer un libro en él, y saber si puede llegar a sustituir al libro tradicional, algo que no creo que sea posible. Seguramente leería un libro digitalmente y si me encanta pasaría a la versión en papel. No puedo negar las sensaciones de un libro pero tampoco puedo olvidarme de sus desventajas, ya no solo por el espacio, hablo del precio ya mencionado antes, pues si ahora un libro normal  de unas 400 páginas cuesta uno 20€, uno digital rondará lo 8 €. Un gran ahorro, podría comprarme casi cuatro libros.

Por ahora son muy caros están sobre los 300 euros, y difíciles de encontrar en nuestro país.

Según se cuenta en ABC a partir del año que viene se pondrá en marcha campañas para popularizar el producto, asegura que veremos como se podrán adquirir a un buen precio por medio de distintas promociones como juntando cupones de periódicos  o de alguna revista. En fin que si es así tocará esperar con la tijeras afiladas.

Y vosotros qué pensáis.

¿Será que Google nos está volviendo estúpidos?

No puedo más que pensar en la respuesta a esta pregunta. El periodista Nicolas Carr de Nueva York se ha lanzado el reto de pensar cómo las nuevas tecnologías han conseguido hacernos la vida más fácil pero con un alto precio, pues al parecer se nos reblandece el cerebro en el proceso. Antes cuando no existía la red de redes, ni google nos facilitaba con un clic la información que deseamos, no nos quedaba más remedio que patear las calles de lugar en lugar, de biblioteca en biblioteca, o de mostrador en mostrador hasta dar con la información. En ocasiones esta búsqueda tenía tintes mitológicos, y como Hércules no veíamos comenzando un viaje tan embarrado de curvas y peligros como los que el héroe se vio obligado a realizar, no debíamos luchar contra seres mitológicos, pero si con funcionarios vaguetas que se pasaban las funciones los unos a los otros y nos metían en un laberinto, Medea se representaba en las caras de mala leche de algunos dependientes que ni tomando un carro de paja llena de fibra le alegraría el día  pese a lo que diga en anuncio televisivo; los cantos de sirena se  oían a medida que el voz alta gritaban “siguiente”…”el siguiente”… hasta llenar a nosotros, momento en el cual se tranformaban en arpías y aseguraban que nos falta un papel imprescinble  y que no era necesario días anteriores.

Las vueltas que podíamos dar para entregar un simple formulario en la administración y que nos convertían en una ficha de parchís saltando de mostrador en  mostrador, de delegación el delegación, hasta dar con la adecuada suponía todo un sacrificio de tiempo, y de paciencia.  Gastábamos un montón de energía ir de un lado a otro y otro tanto en intentar controlar la mala leche de saber que la mañana estaría perdida.

Y a la hora de documentarse sobre algo los trazos de nuestra desventura aumentaban, pues si buscamos un libro, una revista, algo de información la tarea era ir hacia ella, moviéndose de calle en calle, de ciudad en ciudad, de provincia en provincia…

Ahora ya no hace falta, tenemos información al alcance de un click, la mayoría es inservible, vacía de contenido, así que podemos pasarnos horas y horas navegando de página en página, de blog en blog, sin haber escrito nada, sin haber dado nuestras opiniones, y sin  haber aprendido nada de nada. Nos quedamos como empezamos, salvo por la irritación de los ojos, y los calambres que se nos han aposentado donde termina la espalda.

Si queréis leer el interesante artículo de Nicolar Carr pinchar en este enlace Estoopidos , es un texto grande pero vale la pena.

Cerramos con un frase que nos debe dar que pensar

“He perdido casi completamente la capacidad de leer y asimilar un texto largo, en la red o incluso impreso”