Cine, Comedia

Crítica “Un viaje de diez metros”

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Hace poco hablábamos de la adaptación de “La mujer que arañaba las paredes” de Jussi Adler-Olsen, y ahora es tiempo de hacerlo de “Un viaje de diez metros” del escritor Richard C. Morais, publicada en nuestro país en junio del 2012, y que ha sido recientemente reeditada en versión bolsillo Booket.

La historia comienza en un abarrotado mercado de la India, donde Hassan Haji acompaña a su madre en la búsqueda de los mejores productos para su restaurante. Con el tiempo ha aprendido los secretos de la cocina india, en la que se mezclan los colores fuertes y los sabores intensos. La familia Haji se verá obligada a dejar su país cuando una terrible tragedia se lleva a su madre y a su medio de vida. Se instalan en el Reino Unido pero pronto deciden buscar otro lugar donde poder prosperar. De este modo llegan a un pequeño pueblo francés, donde abren un restaurante indio, justo en frente del Le Saule Pleureur, un clásico restaurante francés con una estrella Michelín, al que acuden lo más granado de la sociedad francesa, regentado por la célebre madame Mallory. La guerra no ha hecho más que comenzar. 

Un viaje de diez metros es una película de muy buenas intenciones. Tiene un toque bucólico -nos referimos a que todo es excesivamente blando, con buenos sentimientos rondando por doquier- de lo más interesante, aunque esto no impida que te preguntes si la historia se hubiera decantado por un tono más trágico. En cualquier caso la película -y supongo que también el libro- es un decálogo de buenas intenciones que te permiten ver la vida con un poco más de alegría. Sí, empezamos con una terrible tragedia en la que Hassan (Manish Dayal) pierde no solo el restaurante familiar -unos hombres con antorchas lo incendian- sino que su madre muere trágicamente al no poder escapar del fuego. Después observamos como intenta explicar en inmigración porque desea dejar su hogar al sur de Londres e irse al continente. La razón que esgrime -que la comida en Londres no sabe la nada, algo con lo que estoy completamente de acuerdo, encontrar allí un tomate que sepa a tomate es como encontrar el Santo Grial- nos da una pista de las motivaciones del personaje principal. En este punto llegamos al pueblo francés, al padre de Hassan, al que llaman Papa (Om Puri), le gusta el lugar y decide que se quedarán a vivir ahí. Abren el restaurante, con decoración luminosa incluida, y comienza la guerra. Una guerra contra el restaurante que está en frente -a unos diez metros cruzando la carretera- porque Madame Mallory (Helen Mirren) no está dispuesta a que nadie estropee la fama de su restaurante.

La primera parte de la película se convierte en un cruce de voluntades entre Papa y madam Mallory que arrastra a todos lo que están a su alrededor. Son momentos divertidos que provocan más de una sonrisa. Luego llega un momento en el que la historia toma un rumbo más serio porque es cuando los sueños de Hassan comienzan a hacerse realidad a la vez que naciendo una relación amorosa con una de las empleadas de madam Mallory. Pero, ¿vale la pena conseguir ese sueño si se pierde lo más importante por el camino? Es una pregunta que se responderá en los momentos finales.

Resulta curiosa como esta propuesta culinaria es tan distinta a la que vimos en #Chef puesto que en esta última el protagonista era más protagonista -es lo que pasa cuando además eres el director- y poseía una concepción un tanto distinta de la cocina. Podríamos decir elitista, sin equivocarnos mucho. Es un fuerte contraste con Hassan, para quien el concepto de cocina nace del corazón que reacciona a los olores y los sabores de los platos que prepara. En un momento de la película se menciona que los olores traen grandes recuerdos.

Un viaje de diez metros se convierte así en una comedia muy amable -muy amable- que cuenta con actores que saben hacer su trabajo muy bien. Helen Mirren como siempre impecable, al igual que el desconocido -al menos por estos lares- Om Puri. Gran trabajo el de Manish Dayal, y también el del resto del reparto. Sin duda las interpretaciones son un valor añadido a una propuesta que evidentemente no tienen nada de original, porque dada la naturaleza de su misma esencia, ya se sabe que todo va a acabar bien. Por eso no hay grandes giros argumentativos, no hay despiadado humor negro, no se lanzan cuchillos, ni se hacen grandes trastadas para fastidiar al otro. Y pese a todo ello, pese a la gran previsibilidad de la trama, una vez que llegamos al final la sensación que sabes que si bien no es de lo mejor de este año ese toque de buenos sentimientos por doquier te deja con muy buen sabor de boca.

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