« Esclavos del deseo», Donna Leon. Sin misterio en la gran Venecia.

Si hiciera una lista de los clásicos dentro del género policial europeo sin duda la serie sobre el comisario Guido Brunetti, escrita por Donna Leon (Sangre o amor), estaría incluida. Las andanzas de este comisario veneciano empezaron en el año 1992 y continúan hasta la actualidad. Lo que supone una novela por año. No está mal.

Primero me gustaría recalcar que la edición española de esta novela, en su sinopsis, te cuenta toda la trama. TODA LA TRAMA. Así que si esperas encontrar algo de emoción o de intriga después de leerla con la esperanza de que este pequeño resumen lleve a algo más, tu esperanza se morirá del estupor en la última página. La edición inglesa es más comedida y no destripa nada, o al menos no lo hace de un modo tan evidente.

Donna Leon no es veneciana, ni italiana, es estadounidense y no permite que sus novelas se traduzcan al italiano. Y la verdad es que es algo comprensible porque la descripción de sus personajes italianos puede levantar más de una ceja. Pueden levantar las dos. Por eso a la hora de considerar sus novelas hay que tener en cuenta que sus descripciones son las de una señora estadounidense de casi ochenta años viviendo un retiro dorado en una hermosa villa de Suiza. Ahí se queda la cosa. Sí, ella estuvo viviendo en Venecia durante años, pero no es veneciana y por eso aunque sus descripciones de los sentimientos de los venecianos según sus barrios pueden ser ciertas seguramente están sesgadas por su propio bagaje cultural.

Al contrario que otros escritores de novela policial ambientados en Italia, y que son italianos de nacimiento, me es imposible deshacerme de la idea de que las novelas de Brunetti son novelas donde el protagonista pertenece a la clase alta veneciana porque sus maneras, pensamientos y actos son propios de esta clase social. Brunetti, se podría decir, que es un auténtico petulante muy seguro de sus ideas y opiniones. Lo mueves de Venecia y lo pones en una sala tomando el té con la mismísima reina de Inglaterra y no notarías la diferencia. Puede que él remarque cada cierto tiempo su origen humilde pero no vive con esa carga y eso provoca una extraña contradicción en él. Es importante considerar esta idea porque en Esclavos del deseo he apreciado con demasiada claridad este hecho. Sí, sabía que Brunetti no era un normal comisario italiano que vivía al límite social y económicamente, sino que contaba con una situación social muy elevada considerando su cargo pero nunca aprecié esta situación con tanta claridad como en este libro. Puede que en esta novela se critique que profesionales como arquitectos tengan que trabajar como barrenderos porque carecen de contactos pero sabes que en el fondo eso nunca les pasará a los hijos de nuestro protagonista. Cuanto más pienso en ello más convencida estoy de que esta novela, y en general, la serie es una serie elitista más para los lectores de cuello blanco y solventes cuentas bancarias que para los simples trabajadores manuales. En fin, es una opinión personal que seguramente puede ser rebatida por muchos, pero un día después de acabar la novela esta es la gran idea que se presenta entre mis orejas y por mucho que sacudo la cabeza ahí se queda.

Ya dentro de la trama tenemos un caso de unas jóvenes estadounidenses que aparecen malheridas en uno de los embarcaderos que llevan al hospital. Pronto descubren que ambas conocieron a dos jóvenes venecianos, uno de los cuales, tiene una barca para navegar en los canales de la ciudad. Cabe la posibilidad de que todo haya sido un accidente. No hay mucho que investigar, llegas a la mitad de la novela y no hay pasado gran cosa. Brunetti sigue pasando más tiempo comiendo en las cafeterías y estando en casa que en su oficina, y cuando está en su oficina pues se la pasa lanzando juicios morales sobre sus compañeros. Mucho café y aperitivos, paseos por la ciudad, lecturas de Tácito, conversaciones con su inteligentísima mujer y sus dos perfectos hijos. Investigación policial nada de nada.

Seguimos la trama y poco a poco van saliendo algunos oscuros secretos, que la sinopsis evidentemente ya sacado a la luz.

En muchas novelas policiales, sobre todo las nórdicas, suele haber dos tramas, una es la de la policial o del investigador que quiere atrapar al asesino, y la otra es la del propio asesino, o el de la víctima si la historia así lo permite. Siempre hay dos puntos de vista, uno esperanzador y otro absolutamente aterrador. Aquí no es así. Aquí es Brunetti y su perfecta vida familiar y profesional.

A diferencia de las demás entregas que he leído de la serie esta novela me ha parecido excesivamente plana aunque bien escrita y con personajes bien delimitados pero no sobresalientes. La narración toma un ritmo muy lento con Brunetti moviéndose por la ciudad y disfrutando de su gastronomía y sus vistas. Como guía turística está muy bien aunque  queda muy claro que a la autora no le gusta nada los turistas.

Esclavos del deseo no es tan crítica como las anteriores, ni tampoco es tan oscura en su trama y eso que existen muchos elementos que lo permitirían pero como todo se desarrolla con tal rapidez y se concentra en la última parte no da tiempo para que se desarrolle el  lado humano de la historia. Aunque el problema puede que sea que todo gira en torno a Brunetti de una manera tan absoluta –y su vida como una veneciano de clase alta- que no hay tiempo a mirar el lado oscuro y tenebroso de los que tiene poco. Simplemente no hay una visión distinta a la del comisario. Mientras unos sufren lo que el comisario hace es sentarse en su casa la leer los clásicos romanos y al disfrutar de la compañía de sus hijos y su mujer. Un ejemplo perfecto de cómo es Brunetti es su razonamiento y acciones cuando llega a su casa y nota un poco de frío porque aún no se ha encendido la calefacción.

Con todo esto me sigue gustando Brunetti y sus observaciones sobre la cultura y la ciudad pero ahora mismo la serie le falta algo de fuerza, energía o algo de calidez, algo que vaya más allá de una historia donde el personaje principal sirve como portavoz de las opiniones de su creadora sobre una ciudad.

Uno de los lectores que comentaba esta novela decía que Donna Leon se había vuelto muy confortable con sus personajes, con un Brunetti que rumia sobre filosofía y recuerdos del pasado y creo que tiene razón. Puede que Donna Leon esté reflejando en su personaje sus propias convicciones ahora que ya no vive en Venecia. Y sinceramente le hace un flaco favor a la novela si considero a ésta como novela policial. Si la veo como novela costumbrista contemporánea con un toque social mi visión sería un poco distinta y cultura que parece tener demasiados elementos negativos como para ser querida.

Es curioso pero puede que Esclavos del deseo sea una muestra de que Donna Leon sufre el síndrome del escritor mayor algo que se apreciaba en las últimas obras de otro grande de la novela policial italiana como Andrea Camilleri o en el escritor griego Petros Márkaris. Quien haya leído estas novelas entenderá a lo que me refiero. Menos intriga, sangre o drama y más reflexión meditabunda.

En cualquier caso el estilo de Donna Leon sigue presente. Sencillo, sin grandes pretensiones. Cómodo y fácil de leer. Creo que al final esa podría ser la palabra que resume este libro. Cómodo. Para Donna Leon porque trazó una trama simple sin recovecos o giros.  Y para el lector que la disfruta sin grandes quebraderos de cabeza.

¿Recomendable? Sí si buscas algo sencillo de masticar y que cuente con un tema social serio pero que es tratado de tal modo que no te deja con malestar emocional y sintiéndote un auténtico miserable por tu condición social actual. Si buscas algo más profundo, retorcido, sangriento o crítico, este no es tu libro.

ESCLAVOS DEL DESEO (Comisario Brunetti 30)

Donna Leon

Novela policial. Novela policial italiana

368 páginas, publicada por Seix Barral, en Junio 2021

Goodreads, Casa del libro

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