literatura, Novela fantástica

Los cien mil reinos, N. K. Jemisin

Después del asesinato de su madre Yeine es convocada por al abuelo el poderoso jefe de los Arameri a la majestuosa ciudad del Cielo. Allí descubre que es una de las posibles herederas de la corona de los Cien Mil Reinos junto con sus primos políticos Scimina y Relad. Pronto descubre que su vida no vale nada, las intrigas políticas le son ajenas y deberá luchar con toda su inteligencia para logra sobrevivir a la vez que descubre quién ha sido el que ordenó la muerte de su madre.

 Los Cien Mil Reinos es un libro de fantasía muy peculiar ya que adolece de bastantes elementos que son típicos de este género. Esto se debe a que su autora N. K. Jemisin es una psicóloga que posee un blogger de carácter político. Pueden parecer dos circunstancias irrelevantes para un escritor de fantasía pero no es así ya que será la caracterización de los personajes y los juegos de poder con sus intrincadas intrigas las que marcan esta historia. Le añadimos un mundo donde los dioses creadores están en manos de los hombres, una ciudad que flota a un kilómetro del cielo y alto de amor. Y ya está.

Yeine es una joven que no llega a los veinte años, ha sido criada en una sociedad de los darr, un pueblo del norte donde las mujeres controlan todos los resortes de poder, son las guerreras y las jefas mientras los hombres ocupan un papel secundario. Dentro de su pueblo es su caudillo a pesar de que su padre era darr y su madre una Arameri. Es una joven no muy alta, de hermosura modesta y de genio algo vivo, prima en ella más la velocidad de sus sentimientos que el discurrir de su pensamiento. Es un personaje que al principio no destaca mucho a pesar de que es la narradora. Hay algo en ella que la hace parecer “poca cosa” si lo comparamos los con demás personajes quizá por ello no me ha llegado a calar como protagonista. Es verdad que su pasado como darr, un pueblo que comparado con la ciudad del Cielo puede resultar primitivo, pesa en sus manera de actuar, por eso su actitud ante todo lo que se le avecina es al comienzo de puro desconcierto, de estar un poco o muy perdida.

A medida que avanza la historia se va fortaleciendo un poco pero no deja atrás ese carácter de perdedora que tenía desde el principio, incluso en la búsqueda de la verdad sobre la muerte de su madre. Es que en ese juego de intrigas, de mentiras, y de medias verdades se siente como un peón que no controla su destino porque todo parece decidido sino por los humanos si por los dioses.

A su favor solo está T´vril Arameri perteneciente a la familia gobernante pero relegada de ella por ser un impuro. Se ocupa de que todo esté en su sitio controlando a los criados y cumpliendo los deseos de los habitantes del Cielo. En su contra está el resto del mundo, empezando por Scimina, su prima y una Arameri pura aspirante al trono dispuesta a hacer cualquier cosa por alzarse con la corona; es cruel y despiadada. Su hermano gemelo es Relad es más tranquilo. Son personajes que están esbozados a grandes rasgos, T´vril como el pariente bueno, servicial, inteligente y honesto pero en un segundo plano a ser impuro; Scimina es la mala y nada más; con respecto a Relad, Viraine o Dekarta, tienen un papel muy secundario, son personajes planos y nada trabajados.

En cuanto a los dioses, el universo, el mundo… todo lo que conocemos ha sido creado por la diosa Enefa que formaba la tríada de los Tres Dioses junto con los dioses Nahadoth e Itempas. Los tres eran padres, hijos, amantes y enemigos. Hace muchos milenos Itempas se enfrentó con Nahadoth y Enefa, ella murió y Nahadoth junto con sus hijos fueron esclavizados y sometidos al capricho de los humanos, en concreto de la familia de los Arameri, quienes desde entonces los han utilizado para hacerse con el poder de todo el mundo. Estos dioses son los grande sufridores de la novela, sus sentimientos a pesar de estar escondidos sobresalen en el menor momento. Para Sieh el dolor viene de la pérdida de su madre Enefa, la echa de menos a pesar de los miles de años que ha pasado desde su muerte, pero él su naturaleza es la de un niño lo que hará que busque al amor maternal donde pueda. Para Nahadoth está su doble naturaleza, durante el día un mortal esclavizado, durante la noche un dios esclavizado, mutilado y atrapado en un cuerpo.

A primera vista puede parecer que tenemos un buen elenco de personajes pero hay una clara falta de profundidad en la relaciones que existen entre ellos, y todo es culpa de una deficiente interrelación porque se priman unos – Yeine, el Señor oscuro y Sieh – y se desprecia al resto. De este modo en vez de tener una novela algo coral – dentro de las limitaciones que nos aporta la narración en primera persona- llena de intrigas palaciega,s la novela se limita a narrar las idas y venidas de la protagonista por los pasillos del Cielo yendo, de un lado para otro sin conseguir gran cosa mientras la joven va suspirando por las esquinas por el dios oscuro. En este punto, mencionar la trama de amor existente entre la protagonista y el dios de la noche, excesivamente previsible en su discurrir y que termina con una noche de amor psicodélica.

De vez en cuando la trama aparece cortada y surgen pequeños párrafos que los que la protagonista desvela diversos detalles en un confuso diálogo en donde da a entender que su destino ha sido terrible; es un buen recurso si se sabe usar bien pero en este caso no me ha convencido porque muchas veces habla de cosas que no vienen a cuento en ese momento y que en el conjunto global de la trama no aportan nada de nada, en otras son simplemente pensamientos sin sentido.

Con estos elementos se va configurando la novela. Hemos dicho al principio que era una novela fantástica atípica por la manera narrativa y el discurrir de la historia. No hay batallas, ni luchas, ni ningún elemento de aventura, solo unos personajes y una búsqueda de poder por parte de unos y de libertad por parte de otros. Estos lleva a que el peso de toda la historia recaiga en los personajes y en este caso en Yeine por ser la narradora. Aquí viene el primer escollo. Para un autor es una decisión transcendental decidir si usa la primera persona o la tercera. Cada una tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Aquí Jemisin optó por la primera persona, de este modo nos acerca más al personaje principal, a sus temores, deseos y demás. El riesgo está en que todo lo que leemos lo vamos a hacer con sus ojos, y siendo una novela donde prima las traiciones a escondidas, los secretos en pasillos oscuros la única visión que tenemos de lo que ocurre – que es la de Yeine- resulta insuficiente para otorgar gran profundidad a una trama de intrigas que giran en torno a una sucesión.

Otro problema, el menos en mi caso, es que el comienzo de la novela me pareció descorazonador, o en otras palabras, no tenía muy claro que estaba leyendo, era una mezcla un tanto caótica de información que me aportaba poca cosa. Esto nos lleva a otra cuestión, este mundo tan peculiar está tenuemente dibujado, solo sabemos lo que nos dice Yeine, que es más bien poco. Con la cantidad de reinos que hay, en concreto Cien Mil, solo sabemos de algunos y muy por encima. A la novela le falta un mundo fantástico mejor cohesionado en sus elementos, más juego con la omnipotente religión de Itempas, con aquellos que son herejes, o con las guerras permitidas entre reinos.

Por último está la manera en la que ha decido contar la historia en la que se abusa en exceso de elementos narrativos llevados al extremo sobre todo en la parte donde habla de los dioses y en concreto de Nahadoth.

El final es bastante peculiar dentro de su cierta previsibilidad pero todo termina excesivamente bien, quizá demasiado bien. Por último debemos destacar que es una novela que podemos considerar autoconclusiva, a pesar de pertenecer a una trilogía.

Los cien mil reinos J. K. Jemison Editorial: Minotauro Páginas: 346 ISBN: 978-84-450-7806-8. Trilogía Inheritance vol. 1

Clasificación: 6,5/10

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5 thoughts on “Los cien mil reinos, N. K. Jemisin”

  1. Perdona que te corrija pero he entrado en tu blog buscando una crítica de esta novela y no le encontraba sentido a la primera frase. Hasta que he caído que utilizas mal la palabra “adolecer”.

    Su significado es “Tener o padecer algún defecto” (te dejo el link de la RAE http://lema.rae.es/drae/?val=adolecer ).

    Lo correcto sería haber dicho “carece de bastantes elementos” o “adolece de falta de bastantes elementos” (en el caso de que esta carencia fuera un rasgo negativo.

    Por lo demás, gracias por la reseña y me evitas el tener que leerlo. Y perdón por el tocho.

    1. Gracias por la matización de “adolece”, cuando la he usado ha sido con ese mismo sentido aunque puede que no sea el más correcto si hablamos de un objeto que no está vivo.

  2. Hola Welzen, me leí este libro hará unos meses y me pasó igual que tu. Que frustrante ver a la chica ir y venir, pensando solo en el dios oscuro. Durante todo el libro la autora nos cuenta una cosa y al final acaba pasando otra totalmente distinta. Está claro que la segunda parte no la leeré.

    Muy buena reseña 🙂

  3. A mi tampoco me gusto demasiado
    Me parece que le falto más profundidad porque habia mucho por contar y solo se ha rasgado la superficie, ninguno de los personajes me parecio memorable, y la trama no me ha emocionado mucho sin embargo me parecio curioso los seres que la autora ha creado (dificiles de encasillar. Esclavos/dioses/armas) y la jerarquia que impera en su nuevo mundo
    Creo que pudo haberle sacado mas jugo a su historia que tenia los elementos necesarios, le faltaba saber contarla

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